Hoy es

Martes 11 de mayo de 2021 

 

El primer día del resto de nuestras vidas

 

¿Que tal si lo disfrutamos?

   

 

 

La frase de hoy

“El sabio habla porque tiene algo que decir; el tonto habla porque tiene que decir algo”

Platón

Relato

Espuma para todos

JM Alarcón

JM Alarcón

Mintió a su mujer y se mintió a sí mismo diciendo que iba a dar una vuelta. Caminó por las calles como quien vaga sin rumbo, pero sabía perfectamente a donde se dirigían sus pasos, lo supo desde el momento en que leyó la noticia en el periódico: “Cierra el bar La Clase” y añadía que el histórico establecimiento situado frente al Instituto de Enseñanza Superior iba a ser derribado al haber comprado el solar una inmobiliaria para edificar allí un edificio de oficinas.

Entró en el local, se sentó en la mesa del rincón y pidió una cerveza, de acuerdo con el ritual que había venido repitiendo, periódicamente, en los últimos años. Sólo que esta vez iba a ser la última y si en algunas ocasiones se prometió a sí mismo no volver más por allí, aquella tarde hubiera dado cualquier cosa por no tener que despedirse para siempre de aquel recinto y de aquella mesa. Recrearse en la nostalgia de los tiempos pasados podía ser un ejercicio de masoquismo, pero sabía que iba a echar de menos aquel ritual cuando ya no pudiera repetirlo.  

 

Mientras paladeaba la bebida recordando un viejo grito “¡espuma para todos!” contempló al grupo de adolescentes que se movían a su alrededor. Unos charlaban y reían en la barra, otros repasaban sus lecciones acodados sobre las mesas de mármol y los había que intercambiaban apuntes o se citaban para verse luego en otra parte.

“Bien mirado –pensó- tampoco han cambiado tanto las cosas. El aire no está tan cargado desde que prohibieron fumar, los camareros ya no llevan chaquetilla y hace tiempo que se jubiló el limpiabotas, pero esos chicos… les cambias el look, que se dice ahora, y somos nosotros hace unos años. También ellos va a echar de menos este sitio”.

Se miró en el gran espejo que ocupaba la pared de su derecha para fijarse, como si lo viera por primera vez, en su avanzada calvicie y en sus arrugas. “Para cambio de look, -parecía decirle el espejo- el que has experimentado tú”.

 

Fue al volverse hacia la puerta cuando la vio entrar. Vestía elegante, pantalón y chaqueta azul marino, zapatos negros de tacón alto y bolso a juego, un discreto maquillaje y un pequeño broche planteado en la solapa. Ella giró la vista por el local y en cuanto reparó en él se dirigió, con pasos resueltos, hacia la mesa del rincón.

―Hola, Javier, tú también has venido.

―Nunca me fui, he estado todo el tiempo aquí, esperándote.

―Sí, es verdad, te encuentro en el mismo lugar en el que te dejé. ¿Puedo sentarme?

―Por supuesto. Y pide lo que quieras, por ser el último día debería invitar la casa, pero ya que ellos no lo hacen, lo haré yo.

Llamó al camarero y después preguntó

― ¿Todo bien?

Ella se encogió de hombros.

―Más o menos. Qué pena que cierren este bar ¿verdad? Con los buenos ratos que pasamos aquí toda la pandilla. Pensé que seríamos más a darle el último adiós. O tal vez sea cosa del destino que nos encontremos tú y yo en el mismo lugar en el que nos despedimos para terminar una historia que dejamos a medias.

―Yo no creo en el destino y en cuanto a esa historia, se terminó hace años. Dos chicos se enamoran de la misma chica, ella elige a uno y el otro se queda sentado ante de un vaso de cerveza y con cara de tonto, punto y final.

―Y sin hacer el más mínimo esfuerzo para que la chica cambie de opinión.

―Tal vez pensó que quitarle la novia a un colega estaba feo, o que no podía competir con el niño rico de la pandilla.

―No me lo perdonarás nunca ¿verdad?

― ¿Perdonar? No hay nada que perdonar, son las reglas del juego,  vosotras elegís y al que le toca palmar, pues agua y ajo.

―Claro, y ella vive feliz el resto de sus días junto a su príncipe azul. Qué equivocado estás. Y conste que no me casé con Mario por su dinero, fue tu maldito orgullo el que lo estropeó todo. Tú me exhibías como un trofeo, eras el chico atractivo y brillante que se ha ligado a la más guapa del baile. En cambio Mario me hacía sentir importante, necesaria. No me compró con regalos caros como tú piensas, me dio ternura, me habló de un futuro en el que yo era el centro de todo. Y escucha esto, él nunca se habría quedado sentado bebiendo cerveza mientras su chica se iba con otro.

―Pues felicidades, hiciste la elección acertada. ¿Pedimos cava para celebrarlo?

―Eres un mal actor y no me vas a engañar con tus sarcasmos. Mírame a los ojos y dime que ya no estás enamorado de mí. No puedes ¿Verdad? Pues yo sí puedo mirarte y decirte que estoy tan colgada por ti como cuando me metías mano por debajo de esta misma mesa.

Abrió el bolso, sacó el billetero y extrajo una fotografía.

―Se llama Mario, como su padre.

―Enhorabuena, tienes un hijo muy guapo y es el vivo retrato de tu marido.

―Pues debería llamarse Javier porque lo concebí pensando en ti y ni una sola vez he hecho el amor con Mario sin desear que fueras tú el hombre que tenía encima.

 

Una voz, a espaldas de Alicia, interrumpió la conversación.

― ¡Eh, chicos! Por fin, creí que no iba a encontrar a nadie del grupo. Soy Geni, ¿Es que no os acordáis de mí?

― ¿Cómo olvidar a la chica con las mejores piernas del instituto? ―le respondió Javier.

― Gracias guapísimo, hacía tiempo que no me decían nada así de bonito.

Geni, monilla de cara, ojos vivarachos y pelo rubio teñido, fue años atrás la chica pizpireta y un poco gamberra, eterna animadora del grupo estudiantil. Agarró una silla y se sentó frente a la pareja.

― Qué putada que derriben esto ¿no? ¿Os acordáis de las juergas que nos corríamos aquí al salir del insti? Eso cuando no pasábamos de ir a clase, que fue unas cuantas veces.

― Me acuerdo del pedo que cogiste una noche ―dijo Alicia― Conchi y yo te llevamos a casa porque ningún chico quería, decían que tus padres iban a pensar que te habían hecho beber ellos para luego aprovecharse.

― ¿Y vosotros qué? ―peguntó la rubia― ¿Os casasteis, tenéis muchos hijos?

Las caras de circunstancias de ambos la sacaron de su error.

― ¡Huy! me parece que he metido la pata. Perdonad, pero ya sabéis que es una de mis especialidades.

―En realidad no has dicho nada que no sea verdad ―respondió Javier― nos casamos y tenemos hijos pero cada uno por su lado.

―Mi marido es Mario ¿te acuerdas de él?

―Ya lo creo. Te llevaste un buen partido ¿eh? Mejorando lo presente, claro. ¿Cómo es que no ha venido?

― Para variar, está de viaje. Por China y Singapur, creo.

― Ahora te toca a ti ¿Qué has hecho en todos estos años?

Geni cambió de cara  y sonrió con cierta amargura.

― Pues el resumen de mi vida podría ser: un embarazo no deseado, un padre que no quiere saber nada del bebé, mamarrachos que, porque eres madre soltera, se creen con derecho a hacerte cualquier proposición indecente, años buscándote la vida en una cosa y otra y cuando piensas que has encontrado un trabajo estable te cae encima un ERE y a la puta calle. Pero no me quejo, tengo salud, un hijo estupendo y muchas ganas de vivir. Pero cuando pienso en los proyectos que hacía entre estas paredes. Quería comerme el mundo y el mundo se me comió a mí.

 ― ¿Estás en el paro? – le preguntó Alicia.

― Desde hace cuatro meses y con una paga de mierda.

― Dame tu teléfono, mi marido tiene muchos contactos y algo encontraremos para ti.

― Pues me harías un gran favor.

― Para eso están las amigas ¿no?

 

Por encima de la cabeza de Geni, que se había inclinado para anotar su número de teléfono, Javier vio a un hombre alto, de poblado bigote, ya algo canoso, en quien creyó reconocer a un antiguo compañero.

― ¿Ese de ahí no es Alfredo Castejón?

Las dos mujeres se volvieron y llamaron la atención del recién llegado.

― ¡Geni, Alicia, Javier! ¡Qué alegría volver a veros! ¿Pero cómo es posible que sólo seamos cuatro? Si esto era como nuestra segunda casa, bueno en realidad la vuestra porque yo, ya sabéis, tenía que cuidar de mi madre enferma.

― ¿Cómo sigue? Preguntó Geni.

― Murió hace dos años.

― Lo siento mucho.

― No, si favor que le hizo Dios, bastante había sufrido ya la pobre. Pero a ver ¿Qué queréis tomar? Invito yo ¡Camarero!

― Andan todos muy liados ―dijo Geni― será mejor que vayamos a buscar las bebidas a la barra. ¡Espuma para todos, como en los viejos tiempos!

― ¿Has visto cómo se han mirado esos dos? ―comento Javier cuando se encontró de nuevo a solas con Alicia― tendría gracia que de este encuentro saliera una pareja. Y también sería bonito, ¿Qué mejor cierre para el bar? Como el final de una obra de teatro. Geni y Alfredo hacen mutis por esa puerta cogidos de la mano mientras cae lentamente  el  telón.

― No desvíes la conversación, estábamos en que seguimos enamorados. Tú no creerás en el destino pero yo sí. Y este encuentro no es una casualidad, la vida nos debe algo ¿Por qué no darnos una segunda oportunidad?

― Si tu marido sólo vive para los negocios y ya estás harta y has decidido ponerle los cuernos, no cuentes conmigo; yo nunca le haría algo así a un viejo colega.

― Javier, no te pases. Puedo soportar ese tono de desprecio con el que me hablas, pero no que me insultes. No te estoy proponiendo que seamos amantes, lo que trato de decirte es que por ti soy capaz de dejarlo todo ahora mismo y que seamos nosotros los que salgamos de aquí cogidos de la mano; y después que caiga el telón o que se hunda la casa, me da lo mismo.

Javier la miró fijamente mientras cruzaba los brazos sobre la mesa.

― Tan egocéntrica como siempre, piensas que el mundo gira a tu alrededor y que todos somos como las marionetas de tu guiñol. ¿Lo dejarías todo por mí? Pues yo no pienso dejar a la madre de mis hijos, a la compañera leal que supo estar a mi lado en los momentos más difíciles de mi vida, cuando unos hijos de la gran puta me estafaron y me encontré sin un duro y con un montón de facturas por pagar; ni un solo momento me faltó su ayuda, ni sus palabras de ánimo. Mientras tú follabas con Mario pensado en mí, ella no dejaba de repetirme que no me viniera abajo, que saldríamos de aquello. Y los dos juntos salimos.  

Alicia bajo la cara tratando de ocultar su sofoco y cuando la levantó de nuevo, Javier pudo ver que estaba llorando.

― Yo no tenía ni idea de que…y cuando te vi aquí sentado, en el mismo lugar en el que nos despedimos, hasta llegué a creer que me estabas esperando.

 

En aquel momento llegaron Geni y Alfredo con las cervezas.

― Alicia, ¿qué te pasa? Estás llorando ―exclamó la rubia

― Recordando cosas de los viejos tiempos nos hemos emocionados los dos.

― Es que hay mucho que recordar ―intervino Alfredo― sobre todo vosotros. Yo casi nunca podía venir, ni ir de excursión, ni a los guateques. Os envidiaba tanto, siempre felices, riendo, cantando, planeando cosas para el futuro o haciendo manitas por debajo de la mesa. Yo tenía la sensación de ser un maniquí de escaparate que ve a la gente ir y venir y él siempre allí sin poderse mover. Os juro que no me arrepiento de nada, era mi madre y mil veces que naciera mil veces que volvería a hacer lo mismo, pero es que, joder, siento que me han robado media vida. No me dejaron ser niño, ni adolescente y ahora que todavía soy joven me veo como un viejo prematuro, sin más horizonte que dejar pasar el tiempo. Vosotros añoráis la juventud y las horas felices que pasasteis en este bar, pero no sabéis lo que es sentir nostalgia de lo que no te dejaron vivir. ¿Recordáis que quería ser ingeniero? pues al final tuve que dejar los estudios.

― ¿Y a qué te dedicas? ―preguntó Javier

― Soy funcionario, tengo un trabajo más bien rutinario y un sueldo más que suficiente para mí solo.

― ¿Y qué haces cuando no trabajas? ―se interesó Geni.

― Leo, escucho música, alguna vez voy al cine.

― ¿Siempre sólo? ― insistió ella

― ¿Y con quien voy a ir? No tuve tiempo de hacer amigos

― Pues conmigo, por ejemplo.

― Geni, no te burles.

― Que no me estoy burlando, que te estoy diciendo que quiero salir contigo ―se puso en jarras y, por un momento, sus tres amigos volvieron a ver a la Geni gamberra y eterna animadora del grupo― Y a mi, chaval, para que te enteres, ningún tío me dicho nunca que no y no vas a ser tú el primero. Así que ya sabes.

― ¿No te lo dije? –comentó Javier por lo bajo dirigiéndose a Alicia― estos dos salen hoy de aquí cogidos de la manita.

En aquel momento sonó su móvil.

― Hola, cariño, tranquila no me ha ocurrido nada, es que me he encontrado con unos amigos a los que hacía años que no veía y nos hemos entretenido charlando. Vengo enseguida.

― Lo siento, pero tengo que marcharme ―dijo levantándose después de colgar el teléfono.

Alicia se incorporó al mismo tiempo y recogió su bolso.

― A mi también se me hace tarde.

― Un momento ―Geni interrumpió el conato de despedida- de aquí no se va nadie sin que prometamos solemnemente que no tardaremos tanto tiempo en volver a vernos. Venga, dadme vuestros teléfonos y yo me encargo.

 

Como si hubieran convenido que todavía tenían algunas cosas por decirse, Javier y Alicia salieron juntos a la calle.

― ¿Te acerco a alguna parte? ―dijo ella―.Tengo el coche en un parking aquí cerca.

― No, gracias, necesito respirar aire fresco y estirar las piernas, volveré a casa paseando

― Estarás satisfecho, has logrado lo que ningún otro hombre hasta hoy, verme llorar. Y debo reconocer que has sido muy hábil, primero montas la comedia sentado en la mesa del rincón, como una versión masculina de Penélope que aguarda la vuelta de su amada apurando cervezas, y cuando consigues que me rebaje, que me ofrezca a ti como una fulana, entonces sales con que tienes una mujer maravillosa esperándote en casa.

― Te equivocas, en estos años he venido muchas veces a este bar y lamento no poder seguir haciéndolo. Lo siento si al encontrarme allí te imaginaste otra cosa, te aseguro que no era mi intención ni pensé que tomaras en serio lo de que me había quedado a esperarte.  

― ¿Sabes qué pienso, Javier? Que eres un cobarde, lo fuiste entonces  y lo vuelves a ser ahora. No tienes agallas para luchar por lo que quieres y te escondes tras esa máscara de tipo duro y perdonavidas. Yo sí he peleado y hasta el último momento aunque a costa de rebajarme y hacer el ridículo.

― Yo diría mejor que los dos jugamos fuerte y los dos perdimos. O sea que mejor será que nos despidamos como buenos jugadores que aceptan deportivamente la derrota. Dale recuerdos a Mario, es un buen chico aunque esté podrido de dinero. Y por si te interesa saberlo, la maravillosa mujer que me espera en casa se llama Caty  Maldonado.

Alicia enrojeció de rabia al escuchar aquel nombre que evocaba tres cursos enteros de rivalidad, de pugna por cada mirada de deseo, por cada sonrisa cómplice, por la invitación del compañero más atractivo. Tres cursos de celos y envidias, de “No sé qué le ven a esa pánfila”, de “eso que se ha puesto le sienta como a un cristo unas pistolas” de “¿Se ha creído que es miss mundo o qué?”.

― Eres un cerdo, te lo has guardado hasta el final, como el as que decide la partida.

― Tú lo has dicho antes, soy el chico atractivo y brillante que se ligó a la más guapa de la fiesta, sólo no eras tú.

―- ¡Vete a la mierda!

Giró sobre sus talones y se marchó calle arriba, hecha una furia, dejándole plantado en medio de la acera.

“Puede que sea un cobarde, pero nunca seré un muñeco de tu guiñol ―dijo para sí, sabiendo que ella ya no podía oírle―, a Mario seguro que no le importa y fue por eso, aunque no lo quieras reconocer, que te fuiste con él”.

 

Miró por última vez el rótulo en el que se leía Bar La Clase. “Adiós, viejo amigo, te voy a echar de menos pero tal vez sea mejor así. Contigo desaparecerán muchas horas felices, pero también algunos fantasmas del pasado que mejor es enterrar”.

Hundió las manos en los bolsillos del pantalón y caminó despacio respirando el aire fresco de la anochecida, mientras pensaba que, sin pretenderlo y de manera espontánea, aquel encuentro habían sido como una especie de terapia de grupo. “Cuatro perdedores alrededor de una mesa en un viejo café condenado a muerte. Y es verdad lo de la historia que quedó a medias y había que terminar. Se acabó, punto final, ya puede caer el telón”.

FIN

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Actualidad

Último representante de la generación del 50

Muere en Madrid José Manuel Caballero Bonald

En 2012 fue distinguido con el Premio Cervantes

LQYTD (9-05-2021)

El poeta, novelista y ensayista José Manuel Caballero Bonald, Premio Cervantes 2012, fallecido este domingo en un hospital de Madrid a los 94 años, era el penúltimo de los artífices de la gran renovación poética de la generación del 50 y que hizo del pensamiento crítico y la insumisión una constante en su obra.

Nacido en Jerez de la Frontera (Cádiz) el 11 de noviembre de 1926, el escritor llevaba unos días hospitalizado, y se fue "tranquilo, sin sufrimiento y en paz, tal como quería", según explicó a Efe uno de sus hijos.

Sus restos han sido trasladados al tanatorio de la M-30, donde se hará el velatorio, para ser después incinerados.

De padre cubano y madre española, de ascendencia aristocrática francesa José Manuel Caballero Bonald estudió Filosofía y Letras en Sevilla entre 1949 y 1952 y náutica y astronomía en Cádiz..

Publicó su primer poemario, Las adivinaciones, en 1952, tras haber obtenido con él un accésit del Premio Adonáis. Dos años antes había ganado el Platero de poesía.

Su carrera continuó en Latinoamérica, donde fue profesor universitario en Bogotá. Y fue en la capital colombiana donde escribió su primera novela Dos días de septiembre, galardonada en 1961 con el Premio Biblioteca Breve y publicada al año siguiente; y donde tuvo a su primer hijo. En 1968 fue incluido en la Antología de la nueva poesía española.

Al regresar a España intensificó su interés por la literatura como método de lucha antifranquista, en línea con las directrices del Partido Comunista, en el que sin embargo nunca militó.

Colaboró con Camilo José Cela, como subdirector, en la publicación de la revista Papeles de Son Armadans y en el proyecto del Instituto de Lexicografía de la Real Academia Española. Además, tuvo un idilio de siete años con la primera mujer de Cela, Rosario Conde.​

En 1986 se inauguró un instituto con su nombre y en 1998 se constituyó la Fundación Caballero Bonald.

En abril de 2009 publicó La noche no tiene paredes, compuesto por 103 poemas, donde hace una reivindicación de la incertidumbre porque, en sus propias palabras, “el que no tiene dudas, el que está seguro de todo, es lo más parecido que hay a un imbécil”.

Tras la publicación de Entreguerras (2012), libro formado por un solo poema de casi 3.000 versos, declaró: “ya no voy a escribir nada”, sin embargo continuó escribiendo tras reconocer que escribir poesía le ayudaba a mantenerse joven. Y al cumplir losa 80 años declaró: “El permanecer en la brecha te rejuvenece. El que no se queda callado, el que iguala el pensamiento con la vida, tiene ya mucho ganado para rejuvenecer”.

El 29 de noviembre de 2012 fue galardonado con el Premio Cervantes.

Ha sido presidente del jurado de varios galardones literarios, tanto de poesía como de narrativa, entre los que destaca el Premio de Novela Ciudad de Torrevieja, localidad esta última que en junio de 2010 le dedicó una de sus plazas.​

Más de una treintena de obras publicadas

A lo largo de su fecunda vida de escritor, llegó a publicar doce libros de poesía, quince antologías literarias, cinco novelas y cuatro libros de memorias; así como la letra del álbum ¡Tierra! del cantaor El Lebrijano.

Estaba en posesión de más de una treintenade premiosy reconocimientos.

Y además...

Revista El Llobregat

En su segunda novela “La sonrisa de la prima Elisa”

José María Alarcón lidia con el amor más adolescente

Por BCN Content Factory (5-03-2021)

El autor es el conductor del programa radiofónico “Tendido 5” de Ràdio Sant Boi, que lleva 33 años en antena, el más longevo. Amante a partes iguales de la tauromaquia y de la escritura, Alarcón finalizó este relato durante el confinamiento.

José María Alarcón (Barcelona 1950) es un resistente. Este periodista jubilado comparte desde hace 33 años su pasión por el mundo del toro y las ondas cada lunes en Ràdio Sant Boi, en el programa “Tendido 5”, el más longevo y único en su especie en Cataluña, comunidad que desde que hace una década prohibió la tauromaquia. Otra de las pasiones de Alarcón es la escritura, tras más de 40 años de oficio periodístico. El confinamiento obligado por el Estado de Alarma le sorprendió con la redacción de su segunda novela, “La sonrisa de la prima Elisa” (Editorial Círculo Rojo), ya muy avanzada y el largo encierro le dio ocasión a rematar el final y emprender la obra en la que sigue trabajando actualmente.

En febrero de 2020 presentó su novela “Al final del pasillo”. No era su primera incursión en la escritura de relatos de ficción puesto que en los años 90 publicó una serie de ellos en la web Tusrelatos.com. En las 165 páginas de “La sonrisa de la prima Elisa”, Alarcón narra el mutuo descubrimiento de dos jóvenes, casi adolescentes, que al conocerse se hicieron una idea totalmente equivocada el uno del otro. Y también presenta un juego de contrastes entre un amor platónico e imposible –y tal vez por eso también apasionado y loco- y una relación basada, al cincuenta por ciento, en el deseo carnal y la camaradería, que hace crecer y madurar a los protagonistas.

La sonrisa que da título a la novela sobrevuela por todo el relato como el permanente recuerdo de una ilusión frustrada que pone en cuestión la realidad, y de la llamada del amor en un verano ya irrepetible. Al igual que la anterior, esta segunda novela tiene dos objetivos: “el disfrute del autor en una de las actividades más creativas que existen, la escritura de relatos de ficción, y proporcionar un rato de distracción a los lectores”.