La confesión

JM Alarcón

El policía malo –un tipo de complexión gruesa y avanzada calvicie- clavó sus ojos de besugo en el detenido y repitió la pregunta.

-       ¿Qué hizo usted la tarde del jueves 21?

-       Por Dios santo, se lo he explicado ya cuatro veces –replicó el interpelado, un hombre delgado, de mediana edad, que se removía nervioso en su silla.

-       Pues no le importará repetirlo una más.

-       Estuve en el cine, viendo “La tentación vive arriba”. Quería ver otra vez la escena en la que el viento le levanta las faldas a Marilyn Monroe.

-       ¿Algún testigo que pueda ratificar su declaración?

-       Ya les he dicho que no. ¿Pero por qué no me creen?

-       Porque sabemos que miente. Nos consta que ha cometido un acto vergonzoso pero la Ley exige una declaración de culpa y usted se empeña en negarlo todo. Muy bien, sabe que podemos retenerle durante setenta y dos horas y eso es mucho tiempo, si no quiere colaborar allá usted, pero le advierto que estoy empezando a sufrir una molesta migraña y cuando eso ocurre, puedo ser muy desagradable. El que avisa no es traidor.

-       ¿Por qué no vas y te tomas un analgésico que te alivie el dolor de cabeza? –intervino el policía bueno, alto y de mirada un tanto burlona, al tiempo que dirigía un guiño de complicidad a su compañero.

El policía malo se levantó y salió de la sala. El otro apoyó los codos sobre la mesa y sonrió al interrogado.

-       ¿Pero por qué es tan cabezón? ¿No se da cuenta de que cuanto más tiempo tarde en confesar será peor para usted? Mi compañero está de muy mala leche porque tenía entradas para el boxeo, Ferdy Lamba contra “Boom Rodríguez”, el combate del año. Ya deben estar por el cuarto asalto y él aquí por su culpa.

-       Los siento, pero la culpa es de ustedes por no creerme. Además, no tienen ninguna prueba de lo que me acusan.

-       Las pruebas aparecerán más pronto que tarde y entonces sí que estará jodido. Este asunto saldrá en los periódicos, se verá en las televisiones…Se va a quedar sin amigos y sus vecinos le retirarán el saludo. Y eso por no hablar del cirio que le va a montar su mujer ¿Se ha preguntado con qué cara podrá mirar a sus hijos después de lo que ha hecho?

-       Yo no he hecho nada.

El policía bueno se echó para atrás en su silla con gesto de resignación. En aquel momento volvió su compañero y se sentó frente al detenido con la misma cara de malas pulgas con la que se había ido.

-       ¿Qué, nos va a decir lo que realmente hizo el jueves por la tarde o piensa seguir con ese rollo de que quería verle las bragas a la Monroe? Hasta ahora hemos sido muy considerados con usted, pero si se empeña en callar nos obligará a usar otros métodos.

-       Venga, hombre – dijo el policía bueno- decídase ya. ¿No se da cuenta de que no tiene escapatoria? Confiese su culpa y díganos quien más está en esto.

-       No soy un soplón

-       ¿Y quien dice que lo sea? Es un buen ciudadano que admite sus errores y colabora con la Ley.

Por primara vez, el interrogado dio muestras de debilidad.

-       ¿Si les diera esos nombres podría quedar la cosa en secreto, sin prensa ni televisión?

-       Ayúdenos y nosotros le ayudaremos. A nadie le interesa que se sepa que un funcionario hace esas cosas, desprestigia a la administración y crea alarma social.

-       Pero figurará en mi expediente.

-       Eso me temo que es inevitable, pero un informe se puede redactar de muchas maneras y el hecho de mostrarse arrepentido y cooperar con la Justicia es un tanto importante a su favor.

-       Está bien, se lo diré todo.

Los dos policías soltaron un suspiro de alivio.

-       Pues hable de una vez –le urgió el policía malo- porque la migraña me está matando.

-       Es que, verán, me habían hablado tantas maravillas, sobre todo de las dos chicas rubias.

-       ¿Quiénes?

-       García, Ordóñez y Perales.

-       Muy bien ¿Qué más?

-       Pues que no pude resistir la tentación. El jueves por la tarde estaba solo en casa, puse la tele, conecté ese canal extranjero…

El interrogado estalló en un sollozo.

-       Lo confieso…vi el culebrón de las cinco.

 

FIN 

My Way

JM Alarcón

En cuanto cesó la lluvia, salieron a tomar una copa a la terraza mientras sus respectivas parejas seguian enfrascadas en una reñida partida de ajedrez. La mañana había sido tórrida, pero un chaparrón típico de la segunda quincena de agosto había dejado limpia la atmósfera y agradablemente fresco el ambiente.

- Se nos está yendo el verano –comentó Emma mientras fijaba la vista en las olas que rompían, con crestas de espuma, contra una playa que el copioso chubasco había vaciado de presencia humana- y ha sido un buen verano, los chicos ya van a su aire y Guillermo y yo estamos otra vez como de recién de casados; pero mañana es 25 y se acaban las vacaciones. 25 de agosto ¿te recuerda algo la fecha?

- Por supuesto –respondió Nacho, recostado junto a ella sobre la barandilla que se asomaba al paseo- nuestro último beso, después hice la maleta y me fui.

- Pero volviste justo a tiempo para asistir a mi boda, y te fuiste otra vez y volviste; y así no sé cuantas veces. Eres como una especie de Guadiana

- Soy anárquico, desordenado y culo de mal asiento; si hay tres cosas que odie son el despertador, el calendario y la agenda; y no puedo estar mucho tiempo en el mismo sitio, aunque los años pasan y tal vez sea el momento de echar raíces. ¿Y donde mejor que al lado de mi mejor amigo y de mi primer amor?

- No sé si eres el último romántico que queda en el mundo o…

- O un perfecto gilipollas –la interrumpió- yo también me lo he planteado alguna vez

- ¿Y no te has preguntado nunca qué habría pasado si las cosas hubiera discurrido de otro modo?

- ¿Para qué jugar al “qué hubiera ocurrido si…”? Lo pasado, pasado y, a fin de cuentas, bien está lo que lo que bien acaba ¿No eres feliz?

- Sí, mucho, tengo un marido maravilloso y dos hijos estupendos, soy la envidia de todas mis amigas, pero eso no evita que, a veces, yo sí me haga preguntas.

- ¿Quieres una respuesta? Pues si las cosas hubieran discurrido de otra manera, como tú dices, a lo mejor ahora en lugar de un amigo con el que tomas copas las tardes de verano, sería un odiado ex marido. Yo no nací para estar sujeto a nada ni a nadie

- Pues con Maika no te va mal

- Porque Maika es un espíritu libre, como yo. Estamos juntos en aquellas cosas en las que coincidimos y en lo demás no nos molestamos. A veces parecemos más dos compañeros de piso que una pareja. ¿Te habría satisfecho a ti un tipo así de relación?

- Emma vació de un sorbo lo que quedaba en su vaso y volvió la mirada hacia el crepúsculo.

- Siempre que hablamos de Maika acabas cambiando de cara. No te cae bien ¿verdad?

- ¿Crees que estoy celosa? Pues ya no, pero lo estuve. Para mí eras como una especie de caballero Lancelot, amando en secreto a su reina. ¿A que mujer no le halaga que la quieran así? Pero llegó Maika y se rompió el hechizo. Entonces comprendí el porque de algunas cosas, no es que tú no encajaras en mi vida, era yo la que no encaja en la tuya. Pero todo eso ya pertenece al pasado.

- Eres la mujer de Guillermo y no debería decirte esto, pero tus celos eran infundados, nunca he querido ni podré querer como te he querido a ti.

- Por un momento, Emma tuvo la sensación de que el tiempo no había pasado y volvió a sentirse la jovencita acostumbrada a llevar a los chicos de cabeza.

- Pues si es así, dame un beso, un beso como aquel, porque nadie me ha vuelto a besar de esa manera desde entonces.

- ¿Te has vuelto loca? Están ahí –dijo señalando hacia la puerta que les separaba de la habitación en la que Guillermo y Maika continuaban con su partida.

- Sí, con los cinco sentidos puestos en el tablero. podría estallar una bomba y no se enterarían. Bésame, por lo que mas quieras, te juro que nunca más volveré a pedírtelo.

- Años de deseo contenido se materializaron en aquel abrazo tan apasionado como largo, del que Emma se deshizo con un profundo suspiro, mientras Nacho miraba asustado hacia la puerta. Después se rieron como chiquillos que acaban de cometer una travesura sin que los mayores lo adviertan y volvieron a acomodarse en la baranda.

- Eso ha estado mal ¿no? - preguntó ella.

- Una pequeña transgresión, pero supongo que transgredir una vez al año no hace daño. Aunque si les da por asomarse.

- Pues le hubiera dicho a mi marido que la culpa era suya por dejarme a solas con un hombre que besa tan bien. El caso es que nos hemos quitado unos cuantos años de encima ¿No te ha parecido oír una música de fondo? A mi sí, a Tom Jones cantando Delilah.

- Claro, la banda sonora de nuestro primer beso. ¿Qué habrá sido de aquel par de imbéciles que andaban siempre revoloteando a tu alrededor? En mi vida he tenido tantas ganas de partirle la cara a alguien y si te llegas a casar con uno de ellos, te asesino.

- Decididamente, eres el último romántico.

- Soy un hombre con una aspiración en la vida: dejar este mundo cantando May way. Habré tenido momentos buenos y otros malos, habré acertado unas veces y equivocado otras, muchas seguramente, pero todo lo habré hecho a mi manera.

- En fin, voy a preparar algo de comer que se está haciendo tarde y cuando esos dos acaben la partida querrán cenar. No tengáis prisa por iros, cuanto más tarde, menos tráfico.

- Emma entró en el chalet con el sabor de aquel beso clandestino todavía en los labios. “Sir Lancelot ha vuelto a casa, y cómo ha vuelto, casi me deja sin respiración. Curiosa historia la nuestra, que dos amigos se enamoren de la misma chica no tiene nada de especial, pero que ella también se cuele por los dos… Si hubiera podido meterlos en una coctelera, agitar bien fuerte y fundirlos en uno solo, ahora tendría al hombre perfecto. Guillermo es la seguridad, esta casa, el coche, los vestidos, las joyas, pero Nacho es la aventura, lo imprevisto, un ramalazo de locura, el beso que te lleva al edén, y también la fruta prohibida de ese paraíso. ¿Por qué siempre se ha de desear lo que no se tiene, y por qué tiene que ser precisamente el mejor amigo de mi marido?

- Él la vio alejarse y recordó aquella tarde de domingo, en una discoteca años después transformada en bingo, sonaba la canción Venus y Emma reinaba en la pista como la encarnación de la diosa del erotismo. “Qué sueño de chavala”- pensó- y entonces una voz interior le dijo que los sueños son para soñarlos y no para vivirlos. Y después recordó el accidente y a Guillermo jugándose la vida para sacarle del coche antes de que se incendiara; y después aquella entrevista en un bar.

- Una vez nos prometimos que nunca pelearíamos ni dejaríamos de ser amigos por una chica. Emma me gusta mucho, creo que me estoy enamorando de ella, pero si entre vosotros hay algo serio, dímelo y me quito de en medio.

- Tranquilo, Guillermo, algo hubo pero ya es historia.

- Nunca había visto mayor felicidad en la cara de una persona. “Te debía la vida, ahora estamos en paz”.

- Y después una rabia inmensa y un nudo en la garganta y una copa y otra y otra, hasta que se negaron a servirle más y le echaron del bar. Y a la mañana siguiente, en medio de la resaca, otra vez la voz interior. “Has hecho lo que debías, pero no se lo cuentes nunca a nadie, no lo entenderían y hasta se burlarían de ti”.

- Encendió un cigarrillo mientras contemplaba el parpadeo de las estrellas que ya ocupaban su lugar en el firmamento. “Ha tenido gracia lo de Lancelot. Menos mal que Guillermo no se fue a ninguna cruzada”. Y se acordó de las  veces que se había dicho a sí mismo que antes se cortaba un brazo que traicionar al amigo que le había salvado la vida, y la voz interior le susurró “Ella ha prometido no pedirte nunca más un beso, o sea que si se repite, habrá sido decisión tuya”.

- Y sin ni darse cuenta, se encontró tarareando la letra de May way.

 FIN