Cajón de sastre

La vieja pregunta del millón: ¿Qué consume más luz apagar y encender una bombilla o mantenerla encendida?

Muchos de nosotros fuimos educados en la cultura de que dejar encendida la luz de una habitación vacía en marcha un electrodoméstico que no se estaba usando suponía un despilfarro. “¡Que corre el contador!” o “Ahí hay un ladrón”, son frases que más de uno oyó pronunciar a sus mayores. Sin embargo, tampoco han faltado nunca quienes aseguraran que cuando más electricidad se consume es cuando más energía consumen una bombilla es  al encenderse, opinión que quedó plasmada en esta frase ¿“Quién paga más luz? El que la apaga”.

Este informe de la web www.maldita.es en el apartado malditaciencia, demuestra que la cosa no es tan sencilla porque todo depende  del tipo de bombilla que usemos y del tiempo que la dejemos encendida.

Maldita.es (5-11-2019)

Es la pregunta del millón: ¿consume más luz apagar y encender una bombilla en poco rato que dejarla encendida? La respuesta corta es no, pero vamos a ver qué pasa con distintos tipos de bombillas. Las bombillas incandescentes se han ido sustituyendo, primero por las CFL o fluorescentes compactas, las de bajo consumo y, desde hace unos años, estas están siendo sustituidas por bombillas LED, que también son de bajo consumo.

Como explica a Maldita Ciencia Rubén Lijo, ingeniero eléctrico y divulgador, “en el caso de las bombillas LED, su alta eficiencia, su durabilidad y su principio de funcionamiento hacen que sea más rentable apagarlas siempre que no estemos en la habitación”.

Joaquín Giráldez, ingeniero cofundador de Ingebau, lo explica así: “El único motivo por el que pueda ser más rentable mantener una máquina funcionando es que tenga un sobrecoste el arranque. Este sobrecoste puede ser por picos de consumo en el arranque o por desgaste que implique menos horas de funcionamiento. Ninguno de los casos ocurre con los LEDs. Los antiguos fluorescentes podrían tener cierto desgaste del cebador (el “cacharro” para el arranque) pero su coste es tan ínfimo que no afecta”.

En el caso de las fluorescentes compactas (CFL) la energía extra necesaria para encenderla es equivalente al consumo de unos 5 segundos. Sin embargo, en este caso hay que tener en cuenta otro factor. Estas bombillas tienen un número máximo de encendidos y apagados, por lo que tendremos que reemplazarlas antes cuanto más las apaguemos. Teniendo en cuenta esto, algunos fabricantes recomiendan mantenerlas encendidas si vas a volver a usarlas en menos de 15 minutos.

Lijo indica que “en el caso de las fluorescentes compactas, es recomendable dejarla encendida solo si el tiempo en que se va a volver a la habitación iluminada es corto”. El ingeniero remite a datos del CIEMAT y la UPM, que han hecho el ejercicio de calcular exactamente ese tiempo en función de qué queramos reducir. Si queremos reducir la emisión de gases de efecto invernadero, se debe dejarla encendida si se piensa volver a la habitación en menos de 5 minutos. En cambio, si queremos reducir la emisión de mercurio, se debe apagar la luz al salir a no ser que prevea volver antes de 43 minutos. Por último, si lo que queremos es ahorrar, se debe apagar la luz a no ser que se pretenda volver antes de 7 minutos.

En el caso de las bombillas tradicionales se recomienda apagarlas siempre. La razón es que son muy poco eficientes, solo convierten el 10% de la energía en luz. El resto se desperdicia en forma de calor. El uso de estas bombillas está desaconsejado. Joseba Peli de Grande, de ElectroAhorro2000, explica a Maldita Ciencia que "otro inconveniente de la bombilla tradicional, la estándar de filamento, es que según fabricantes de primer orden, su vida media es de poco más de 2.500 horas”. Y añade que “por comparación, la duración de la tecnología LED es una enorme ventaja, ya que la duración de una bombilla de este tipo, en función de su calidad y fabricante, oscila entre las 15.000 y las 100.000 horas”.