Todo sobre Pedro Almodóvar

A las puertas de las nominaciones de los Premios Oscar y tras un 2019 clave del cineasta –estreno de Dolor y gloria; premio para Antonio Banderas en Cannes por su papel en esa película; León de Oro honorífico en Venecia; 70 aniversario–, el portal SensaCine repasa la trayectoria de Pedro Almodóvar para recordar porqué es uno de los nombres propios imprescindibles del cine español y de la historia del cine. 

Redacción/SensaCine (12-01-2020)

Cuando Pedro Almodóvar recogía el León de Oro honorífico en la Mostra de Venecia del pasado septiembre de 2019, dijo que ese reconocimiento era "un acto de justicia poética". La Mostra le entregó ese galardón recordando que Almodóvar estuvo a punto de lograr el gran premio en la edición de 1982, cuando el cineasta presentaba Entre tinieblas, su segundo largometraje, y de ahí las palabras del manchego. Porque a Pedro Almodóvar, a pesar de ser unas de las grandes figuras del cine contemporáneo global y de los muchísimos premios que se le han otorgado y que ha logrado, hay varios que aún se le resisten: la Palma de Oro en Cannes o el Oscar al Mejor director o a la Mejor película. 

Con Dolor y gloria, es más que probable que el cineasta manchego logre su quinta nominación al Oscar de Hollywood, la tercera en la categoría de Mejor película extranjera, y reconocimiento que supone la penúltima parada en el camino de una largometraje que ha cautivado tanto en nuestras salas como en las internacionales. Protagonizada por un Antonio Banderas magnífico, quien ha logrado mimetizarse en el alter ego del director, Dolor y gloria es asimismo la película más personal del manchego, en la que expone a corazón abierto sus miedos, anhelos, frustraciones y esperanzas bajo la forma de una ficción en la que resuena con fuerza su biografía.

Años 80, de “Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón” a “Matador”

El primer cine de Pedro Almodóvar es sinónimo de la España de los 80, con sus transformaciones y contradicciones, aunadas en lo que vino a ser la movida madrileña. Por una parte, encontramos sus películas de corte más punk y disparatadas, como su debut en el largo Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón (1980) o Laberinto de pasiones (1982), además de otros tanteos de transgresión con el género, como el melodrama Entre tinieblas (1983), el drama neorrealista camp practicado en ¿Qué he hecho yo para mecer esto? (1984) o el drama romántico Matador (1985), sobre dos personas movidas por el deseo de amar y de matar. Matador sería su primera colaboración con Antonio Banderas, que continuaría hasta hoy día.

Banderas también aparece en La ley del deseo (1987), película de tintes autobiográficos que narra el triángulo amoroso entre un director de cine, su ex pareja y un joven cinéfilo (Banderas). Se trata de uno de los filmes más personales e indispensables de la filmografía del manchego y de los que contiene escenas míticas de su imaginario, como la secuencia de Carmen Maura regada con una manguera en una noche de calor veraniego madrileño.

La consolidación: de 'Mujeres al borde de un ataque de nervios' a 'Carne trémula'

Pedro Almodóvar llegó a las puertas de Hollywood con una de sus comedias más hilarantes y celebradas, Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988), que supuso, por otra parte, un dilatado punto y aparte en su relación con Carmen Maura. La película, con más de 3 millones de espectadores en nuestro país, logró el premio al Mejor guion en Venecia y la nominación al Oscar a la Mejor película de habla no inglesa, entre otros galardones, y le abrió las puertas al circuito internacional, que desde entonces le adora con veneración.

Tras ¡Átame! (1989), nueva colaboración con Banderas y primera con Victoria Abril, además del Premio Nacional de Cinematografía –recibido en 1990–, llegaría Tacones lejanos (1991), un absorbente largometraje de corte maternofilial protagonizado por Abril, Marisa Paredes y con un Miguel Bosé antológico. Fue uno de los primeros pasos del cineasta en el melodrama de herencia sirkiana y su primer gran éxito en Francia.

Kika (1993), con Verónica Forqué, no lograría, sin embargo, el entusiasmo de la crítica, que sí le devolvió La flor de mi secreto (1995), en la que una escritora llamada Leo Macías (Marisa Paredes) trata de superar una ruptura sentimental y una crisis creativa, potenciada por las exigencias de sus editores. Carne trémula (1997), un noir de miras muy clásicas protagonizado por Liberto Rabal, Francesca Neri y Javier Bardem en un triángulo amoroso que funciona asimismo como un espejo inmejorable de la España de la década de los 90.

La madurez y los premios: de “Todo sobre mi madre” a “Volver”

Con el final del milenio llegó también una de las películas más exitosas de Almodóvar, Todo sobre mi madre (1999), que concursó en el Festival de Cannes, sin lograr la Palma de Oro, y que sí consiguió el Globo de Oro y el Oscar a la Mejor película extranjera, en uno de esos momentos antológicos de la historia de los premios, con Penélope Cruz y Antonio Banderas gritando el nombre del cineasta al unísono. Todo sobre mi madre narra el duelo de una madre incapaz de superar la muerte del hijo, y es un recital de interpretaciones femeninas, de Cecilia Roth a Penélope Cruz y Marisa Paredes.

La buena estrella de Almodóvar se afianzó con Hable con ella (2002), por la que logró dos nominaciones a los Oscar, guion y dirección, y volvió a Madrid con la estatuilla de la primera candidatura. Más oscura que la anterior pero igual de personal, Hable con ella es también una exploración de la paternidad/maternidad a partir, no obstante, de un hecho aberrante: una violación. Las zonas turbias de la moral humana son un tema habitual en sus historias, y en La mala educación (2004), de nuevo un largometraje que se movía en el terreno del noir, Almodóvar recordaba algunas vivencias de su pasado para rendirle cuentas y ofrecer, en suma, una de sus películas más penumbrosas.

En Volver (2006), el cineasta también regresa a ciertos terrenos de su memoria en la que es su película más premiada y más aplaudida. Con una Penélope Cruz memorable, liderando un reparto donde también destacaban Chus Lampreave y Carmen Maura, Volver logró el premio a la mejor actriz en Cannes para Cruz, compartido con el resto del reparto femenino; y del cielo francés, donde también ganó el premio al Mejor guion, subió a la estratosfera cinematográfica: Premios Goya, Premios del Cine Europeo, Premio César, y de nuevo, paseo por la alfombra roja de los Oscar para celebrar la nominación a la mejor actriz para Penélope Cruz. Además, en 2006, Almodóvar fue reconocido con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes.

El camino hacia “Dolor y gloria”: de “Los abrazos rotos” a “Julieta”

En el recorrido hacia y a lo largo de la segunda década del siglo XXI, Almodóvar ha continuado experimentando con el género cinematográfico, refinando su estilo hasta la depuración absoluta que supone su último largometraje, Dolor y gloria. En Los abrazos rotos (2009), regresaba al melodrama de arraigo sirkiano para contarnos una devastadora historia de amor protagonizada de nuevo por una Penélope Cruz en estado de gracia; mientras que con La piel que habito (2011) se acercó al noir aunque aquí teñido de elementos fantásticos en una cinta en la que se reencontró con Antonio Banderas, también fabuloso en el rol de un mad doctor atormentado por la muerte de su mujer e hija.

Y si en Los amantes pasajeros (2013) Almodóvar retomaba la comedia excéntrica que practicó en sus primeras películas para hablarnos de la crisis económica con los pasajeros de un avión como trasuntos de la sociedad española, en Julieta (2016) volvió al melodrama para ahondar, otra vez, en la maternidad frustrada, en un relato de ecos del Ingmar Bergman más intenso. “Julieta es la película más tenebrosa, más dura, y en cierto sentido la más esencial de la trayectoria de Almodóvar", dijeron en Cahiers du Cinéma al nombrarla una de las 10 películas de ese año.

Todo Almodóvar, sus anteriores 20 películas, su vida y sus anhelos, están condensados, por último, en Dolor y gloria, una cinta con la que de nuevo ha triunfado internacionalmente y con la que ha tocado otro techo creativo. Como dice nuestro crítico Quim Casas en su crítica en SensaCine, en Dolor y gloria "Almodóvar maneja espléndidamente ambos conceptos [la autobiografía y la autoficción en una película en la que ha volcado, más que en cualquier otra, sus deseos, miedos, inseguridades, dudas y creencias. Un film admirable por lo sincero, pero también por los dispositivos dramáticos y emocionales que despliega el director en un momento en el que ya domina el medio, su estilo, como lo dominaba John Ford al realizar El gran combate".

El director de cine más odiado de la historia

Salva Rubio en Jot Down

¿Se imaginan ustedes un director con la impresionante cifra de más de cuarenta películas en treinta años de carrera? ¿Que además tuviese una decena de créditos televisivos? ¿Más de veinte de videoclips con algunas de las mayores estrellas del pop y del rock de la historia? ¿Qué hubiese hecho incluso cómics, pornografía, videojuegos y hubiese actuado en sus propias películas?

¿Un director que pese a todo ello, o mejor dicho, por todo ello, hubiese visto su carrera, desde su primera obra, manchada por la polémica, el rechazo, denuncias, envidia, odio y venganzas?

Ese director se llama Alan Smithee.

¿No les suena? Hay una explicación. Como dice el Apocalipsis, aunque sea cinematográfico, es Legión, es decir, son muchos en uno.

Hollywood antes de Alan Smithee

Para entender esta paradoja, hay que comenzar explicando de forma somera cómo se otorgan los créditos en esa entidad-lugar compleja, fascinante y esencia del siglo XX que llamamos Hollywood.

En efecto, como ya explicamos en un artículo anterior, la lista de nombres que corre en cascada antes y/o después de una película es definida, no por los productores (como ocurre en España, con la «transparencia» habitual de nuestra industria), sino por un organismo independiente; en el caso de los guionistas, la WGA. Los directores tienen la DGA, o Director’s Guild of America.

Fundada en 1936, es un sindicato (craft union) que representa los intereses de directores de cine y su equipo cercano, como los ayudantes de dirección, en cine, televisión, documental, publicidad, etc. Con nombres en su presidencia como King Vidor, Frank Capra, George Marshall, Joseph L. Mankiewicz, Robert Wise, Robert Aldrich o Martha Coolidge (la primera mujer en presidir, en 2002), tiene unos dieciséis mil miembros.

Una de las funciones básicas de la DGA es dirimir créditos. Si bien en el mundo del guion hay multitud de combinaciones posibles (idea original, historia, guion, reescrituras, revisiones, asesorías, script-doctoring) que tienen como objetivo que todo aquel que haya podido colaborar en el guion vea su aportación justamente reconocida, en el personalista universo de la dirección de cine prevalece una regla: lograr por cualquier medio que el crédito de dirección se otorgue a solo una persona.

Este objetivo tenía y tiene una finalidad clara: reforzar la auteur theory, esa que dice que pese a que el cine es un proceso industrial y colectivo en el que intervienen cientos de personas, una sola de ellas es el responsable estético, narrativo, visionario y de autoridad del resultado final: el artista. Con ello además se quiere evitar que la injerencia de productores, actores, resto del equipo, además de familiares de los citados y gentes cualesquiera que pasaran por ahí —como suele ocurrir— opinen. Hay, en fin, toda una historia de los grandes hallazgos, diálogos, escenas y soluciones acreditadas a directores y que no les salieron de sus magines, pero eso es material para otro artículo.

Hay, en todo caso, una excepción a la regla del director único, por supuesto, y son los equipos creativos, como los hermanos Coen, las hermanas Wachowski, los hermanos Hughes, los hermanos Russo y muchos otros, aunque no sean hermanos, y aquí hay material anecdotario tan sabroso como, por ejemplo, que en Sin City la DGA rechazó el crédito conjunto de dirección a Robert Rodriguez y al dibujante Frank Miller por la «peregrina» razón de que no habían trabajado juntos; en honor a Rodríguez hay que decir que se dio de baja en la DGA para que Miller pudiera finalmente compartirlo.

Y es que no tanta gente se siente cómoda bajo el paraguas a priori protector de la DGA: algunas celebrities de la dirección como George Lucas o el Quentin Tarantino de las seis primeras películas consiguieron no pertenecer al lobby en cuestión, aunque es difícil no hacerlo: cualquier gran estudio exige al director su pertenencia para garantizar un mínimo de buenas prácticas y, como en cualquier sindicato, poder presionar sobre los mandamases como lobby. Ser de la DGA tiene otra pega: los directores están obligados a no firmar su obra con seudónimos.

Sin embargo, en 1968 hubo un problema.

Nace una estrella y se llama Alan Smithee

Robert Totten era un experimentado y respetado director de televisión, que como tantos de ellos estaba en busca de su particular grial: saltar de la pequeña pantalla al mundo del cine. No iba mal encaminado, pues había demostrado sus capacidades dirigiendo series como la bélica The Galant Men, el wéstern The Legend of Jesse James y acabaría dirigiendo episodios de Kung Fu; es recordado sobre todo por la serie Gunsmoke, uno de esos seriales clásicos de la CBS que estuvo veinte años en antena, del tipo que Tarantino recuerda en su Érase una vez en Hollywood.

El caso es que la gran oportunidad del bueno de Totten llega en 1969, cuando nada menos que Don Siegel (La invasión de los ladrones de cuerpos, Harry el Sucio, La fuga de Alcatraz y varios vehículos más para Clint Eastwood) recomienda a Totten para un wéstern crepuscular llamado Death of a Gunfighter. Totten acepta y comienzan los problemas.

Pese a su experiencia en el wéstern clásico, Richard Wildmark, estrella de la película y villano arquetípico de los años cuarenta, no se entendía con Totten, desacuerdo que acabó en animadversión, y tras un año de choques terminó forzando su despido. Se le dio así a Siegel el regalo envenenado de tener que terminar de dirigir la película de su recomendado, pero al acabar lo que él entendió como un trabajo menor (en realidad rodaron casi el mismo metraje), este decidió que no debía ser su nombre el que estuviera en los créditos, sino el  de su amigo Totten. A lo que, por supuesto, se negó Wildmark, pero no importaba: el mismo Totten, con un cabreo considerable, tampoco quería ya firmar la peli.

Pero esta no se puede estrenar sin un director en los créditos. ¿Qué hacer?

La DGA, por primera vez en su historia, se encontró con una patata —o más bien una pistola— caliente en las manos. No se podía estrenar sin crédito de director, y los estatutos decían claramente que el auteur no podía usar un pseudónimo. Así que llegaron a una solución intermedia: crear un pseudónimo, sí, pero oficial, para futuros casos en los que un director, al sentirse maltratado por el estudio, rechazara el crédito. O, como el tiempo probaría, también para aquellos a los que se les arrebatara por malas prácticas.

Nace así «Alan Smithee», de quien el mismísimo Roger Ebert consideró su primera película como «un wéstern extraordinario… de un nombre que no me resulta familiar».

No es mi película, es de Alan Smithee

¿Por qué llamarle Alan Smithee? A priori, lo que se quería era un nombre suficientemente común como para no llamar la atención, pero que no se hubiese usado antes en Hollywood. La propuesta inicial fue de «Alan Smith», pero claro, ya estaba en uso, por lo que se modificó hasta lograr una sonora peculiaridad que garantizara el anonimato perfecto.

Pero por otro lado el nombre tenía que servir a los miembros de la industria como un aviso a navegantes público y vergonzante que advirtiera a futuros directores de que la productora había interferido con el trabajo de un colega. Otra razón es que, llegado el caso, si una mujer lo requiriese, podría ser acreditada como «Alana Smithee». Nunca ocurrió. Un detalle más: para aquellos que gusten de la conspiración, un rumor dice que en realidad es un anagrama de «the alias men».

La decisión de acreditar a Smithee no es, en todo caso, baladí: recordemos que elegirle como director equivale a perder la autoría de la obra, lo que puede desearse para mantener la reputación propia, pero con ello también se renuncia los futuros royalties (residuals) que la cinta producirá igualmente. Y además, según las reglas del sindicato, el director tendría prohibido hacer públicas las circunstancias que rodeaban al abandono de la película o incluso reivindicarse en el futuro como director de la misma.

El seudónimo, y la solución, agarraron fuerte: el mismo año lo reclama Jud Taylor, otro director televisivo con créditos como El fugitivo, The Man From UNCLE o Star Trek (lo que invita a pensar si estas presiones no eran más comunes de lo que parece). Taylor intentó también dar el salto al cine con Fade In, un infumable wéstern de Burt Reynolds (quien dijo que «debería de haberse llamado Fade Out»), para cederle el mérito a Smithee, y volvió a pedir el crédito maldito con la pésima City in Fear, protagonizada por David Janssen y Mickey Rourke.

Fue común, a partir de entonces, que numerosas películas acabaran siendo dirigidas por Smithee, la mayor parte de ellas de nombres que nunca arraigaron en el imaginario cinematográfico y que hoy en día son carne de aficionados al más chungo terror, a la serie B o a las clasificadas como «R»: películas que en general fueron basura ochentera y carne de videoclub, bodrios añejos que hacen las delicias de los fans hoy en día, y de las que sus directores se alejaron como si fueran la peste misma.

Créditos de Dune.

Entre ellas está la parodia Student Bodies de 1981, un spoof de los slasher contemporáneos realizada casi treinta años antes de Scary Movie, dirigida y rechazada por Michael Ritchie (The Candidate, The Bad News Bears y varias comedias de Chevy Chase). También tenemos Appointment With Fear (1985), por la que Ramsey Thomas se escondió con razón tras Smithee tras pergeñar una escena final que incluía un bebé de ojos verdes poseído por el espíritu de un asesino.

No olvidemos películas tan olvidables y olvidadas como Ghost Fever, cuya discutible premisa trata de dos detectives negros atrapados en una antigua plantación de esclavos, y de la que un tal Lee Madden se alejó todo lo posible, sin éxito a juzgar por el resto de su apestada carrera posterior. O el documental Wadd, sobre la estrella porno John C. Holmes, tocada y hundida por los asesinatos de Wonderland, dirigida por un cierto Cass Paley, del que no se ha vuelto a saber nada. Citemos también el prometedor título Bloodsucking Pharaohs in Pittsburgh de un señor llamado Dean Tschetter, cuyo último trabajo ha sido en el departamento de arte de Mary Poppins Returns.

Pero el talento de Alan Smithee no solo ha ocultado a directores olvidados; en su momento grandes estrellas, franquicias o actores en mejores o peores momentos de su carrera han sido dirigidos por él. El director Stuart Rosenberg, tras haber dirigido varias películas con Paul Newman, entre ellas Cool Hand Luke, además de a Jack Lemmon o a Robert Redford, se encontró a los mandos un bodrio de acción llamado Let’s Get Harry que poco hizo por las carreras de Robert Duvall, Mark Harmon o Thomas F. Wilson (Biff de Regreso al Futuro).

Incluso un actor/director/autor tan especialito como Dennis Hopper cedió a Smithee su crédito del thriller Catchfire, que contaba con el increíble elenco de Jodie Foster, Vincent Price, Charlie Sheen, John Turturro, Joe Pesci, Catherine Keener o, alucinen, Bob Dylan, además de, por supuesto, él mismo (aunque hay que aclarar que a la versión en VHS, con dieciocho minutos más, sí le prestó su nombre). Dan ganas de ver también Solar Crisis de Richard C. Sarafian, director de la gran Vanishing Point y que, a los mandos de una coproducción japonesa-americana sin actores japoneses pero sí con Charlton Heston, Jack Palance y Peter Boyle (literalmente, El jovencito Frankenstein) terminó por aceptar que su trabajo lo firmara, claro, Alan Smithee.

Hitchcock se habría tragado el puro tras ver Los Pájaros II de Rick Rosenthal (director original de Halloween II y Halloween: resurrection) y la franquicia Hellraiser presenta una aparición estelar de Smithee en su cuarta parte, Bloodline, después de que cambios en el montaje eliminaran veinticinco minutos de película. Por otra parte, River Made to Drown In es uno de esos monstruos improbables en los que el desastre se veía de lejos, un drama familiar con Richard Chamberlain (El pájaro espino), Michael Imperioli (Christopher Moltisanti en Los Soprano), James Duval (Donnie Darko) y, sorpresa, la cantante Ute Lemper, que muy seguramente no sabía dónde se metía, y cuyo director James Merendino se desentendió totalmente de la película, por lo que tuvo que acabarla, lo han adivinado, el infalible Smithee. Acabemos esta sección con un tipo llamado Kiefer Sutherland, que tras protagonizar y dirigir Woman Wanted en 1999 finalmente decidió que solo quería crédito por lo primero; tiene además el dudoso honor de haber sido la última película en ser atribuida al bueno de Alan.

Lo que no quiere decir que fuese el último crédito que atribuirle. Nuestro nuevo director favorito ha trabajado también en televisión, vídeo musical e incluso animación y videojuegos.

En efecto, sonoros títulos como McGyver, Tiny Toon Adventures, La Femme Nikita o The Twilight Zone (serie a la que volveremos más adelante, por una razón mucho más seria) tienen en su trayectoria episodios dirigidos por Alan. Y videoclips como «I Will Always Love You» de Whitney Houston, «Digging the Grave» de nuestros adorados Faith No More, «Victory» de Puff Daddy feat The Notorious B.I.G y Busta Rhymes, y un largo etcétera que incluye nombres como Blondie y Roman Coppola, Jennifer Lopez y Francis Lawrence, Destiny’s Child y Marc Klasfeld e incluso Metallica en su infame «Some Kind of Monster».

¿Quieren más despropósitos? En Estados Unidos, una película con tacos, blasfemias o el más nimio erotismo será censurada, cortada y remontada por la productora para emisión en aviones, autobuses y similares, y no se extrañen, pues, si encuentran que títulos como Dune (David Lynch), el anime Gunhed (Masato Harada), The Guardian (William Friedkin), ¿Conoces a Joe Black? (Martin Brest) o incluso Heat de Michael Mann fueron, en realidad, dirigidas, lo han adivinado, por Alan Smithee.

Y es que Alan también ha escrito cómics como Daredevil, ha tocado la guitarra con frikis de internet, dirigió el trailer de Metal Gear Solid 4 para Hideo Kojima, le puso voz a personajes de Street Fighter X Tekken, e incluso, no podía faltar, dirigió un vídeo para el señor Burns en un episodio de la décima temporada de The Simpsons.

Smithee por imposición: el terrible caso de John Landis

Iba a ser una de las grandes películas de 1983 y Hollywood se frotaba las manos: el milagro del mainstream y rey de los ochenta Steven Spielberg estaba produciendo una película antológica de The Twilight Zone, la exitosísima serie de televisión creada por Rod Serling en 1969 y que había formado parte de sus influencias primigenias.

Junto a él, lo mejor de una generación de jóvenes directores influidos por su padrino y cuyas carreras estaban destinadas a marcar una generación: Joe Dante (que pronto haría Gremlins), George Miller (Mad Max) y un tal John Landis, cuyo futuro hollywoodiense prometía a juzgar por The Blues Brothers o Un hombre lobo americano en Londres.

Cada uno de ellos, incluido Spielberg, habría de dirigir un episodio, con Landis como estrella ocupándose además del prólogo y el epílogo. Su segmento, titulado «Time Out», contaba como un racista viajaba en el tiempo y sufría un mal karma de persecuciones en la Francia ocupada por las SS, el KKK en el Sur y en Vietnam por soldados norteamericanos.

Es precisamente durante el rodaje de esta parte cuando se desató la tragedia: mientras rodaban una escena, el actor Vic Morrow, famoso sobre todo por su trabajo televisivo, y los niños Myca Dinh Le y Renee Shin-Yi (siete y seis años respectivamente) fallecieron cuando les cayó encima un helicóptero cuyo rotor trasero sufrió daños por la cercana explosión de una carga de efectos especiales.

Landis y otros cuatro miembros de su equipo fueron acusados de homicidio involuntario. En efecto, había infringido la legislación californiana con respecto a la contratación de niños, y la acusación trató de demostrar que el director fue imprudente, no informó a los padres de los peligros e ignoró las múltiples advertencias de su equipo, que al parecer avisaron de los riesgos de la escena tal y como la quería rodar. Landis y el resto de los acusados fueron absueltos, y terminaron pagando una millonada a las familias de los fallecidos, entre ellos a la hija de Morrow, una veinteañera llamada Jennifer Jason Leigh.

Como resultado del fallo, el nombre del segundo ayudante de dirección Andy House fue eliminado de los créditos, y en su lugar firmó Alan Smithee. Landis pudo firmar todo lo rodado y estrenado con su propio nombre, pero como por justicia divina,su carrera ya no remontó, como él mismo reconoció en 1996 hablando para The Financial Times. Parece que su amistad con Spielberg terminó en aquel momento, de cuyas declaraciones rescatamos esta: «Si algo no es seguro, es el derecho y la responsabilidad de cualquier actor o miembro del equipo es gritar «¡Corten!»».

Alan Smithee ha muerto, larga vida a Alan Smithee

A la muerte de Alan Smithee contribuyó un factor que, como en un final perfecto made in Hollywood, le terminan dando a su vida y muerte una dimensión redonda e irónica.

En 1997 se estrena el falso documental An Alan Smithee Film: Burn Hollywood Burn. Protagonizada por el Monty Python Eric Idle y con un cast bizarro que incluyó a Ryan O’Neal, Coolio, Sylvester Stallone, Chuck D, Jackie Chan, Whoopi Goldberg o (wtf!) Harvey Weinstein, cuenta la historia de un director llamado, claro, Alan Smithee, que huye con el negativo de su película, horrorizado por el montaje que le ha impuesto el estudio.

Escrita y producida por Joe Eszterhas (Showgirls), ganó cinco premios en los Razzie, incluyendo, claro, «peor película». Solo se estrenó en diecinueve cines y Roger Ebert le dio cero estrellas. Hoy en día tiene un 8% de aprobación en Rotten Tomatoes y el propio Idle comentó durante la promoción que le parecía «horrible». Sin embargo, y aunque muy poca gente la vio, la polémica llegó a foros y redes internáuticos de entonces y popularizó el nombre de Alan Smithee (y lo que había tras él) entre el gran público. Ya no era un secreto de la industria, Smithee había alcanzado la gloria popular que merecía.

¿Se imaginan cómo acaba la cosa? Como la posmodernidad manda, la profecía se cumplió y el director Arthur Hiller, tras ver el montaje de Eszterhas, decidió retirar su nombre y acreditar a Alan Smithee en su lugar.

Si bien algunos críticos lo consideraron un truco para atraer la atención sobre la película, preferimos quedarnos con la justicia poética: en el año 2000, la DGA dejó de usar oficialmente el seudónimo en cuestión y ahora permite el uso de otros.

Parece ser que el nombre «Alan Smithee» había sido asociado con demasiadas películas malas.

Mejor película de las estrenadas el 6 de diciembre

Más de 100.000 espectadores han visto “Legado en los huesos”

Legado den los huesos fue la película más taquillera de las estrenada el vienes 6 de diciembre, al convocar a más de  100.000 espectadores.

Este film, dirigido por Fernando González Molina, es la segunda parte de la Trilogía del Baztán, adaptación cinematográfica del fenómeno literario homónimo de Dolores Redondo -ganadora del Premio Planeta-  cuya obra ha alcanzado una cifra de  2.000.000 de lectores.

El guardián invisible, primera parte de la Trilogía, fue vista por 600.000 espectadores y recaudó más 3.600.000 euros, la adaptación cinematográfica del resto de la trilogía se ha llevado a cabo bajo un modelo de producción similar al de las grandes producciones internacionales actuales e inédito en España. Ambas se ha rodado a la vez, a lo largo de dieciocho semanas, en Barcelona, Pamplona y el Valle de Baztán.

Legado en los huesos es una producción de Nostromo Pictures y Mantecadas Salazar AIE, en asociación con Atresmedia Cine y Nadcon Film, con la producción asociada de ZDF, ARTE y Orange con la participación de Atresmedia y Cosmopolitan TV. Está distribuída por DeAplaneta.

Protagonistas

Marta Etura  (Celda 211, El hombre de las mil caras), Carlos Librado “Nene” (‘Gigantes’), Francesc Orella (‘Merlí’, Lasa y Zabala), Benn Northover (Harry Potter y las reliquias de la muerte), Itziar Aizpuru (Loreak), Elvira Mínguez (El desconocido, Truman), Colin McFarlane (Batman Begins, El caballero oscuro), Susi Sánchez (La enfermedad del domingo, Julieta, Dolor y gloria), Patricia López (‘La peste’, ‘La otra mirada’), Pedro Casablanc (B,Truman), Paco Tous (‘La casa de papel’, “Señor, dame paciencia”) , Manolo Solo (“Tarde para la ira”, “La isla mínima”),  Leonardo Sbaraglia (Relatos salvajes, Dolor y Gloria) interpretando al Juez Markina, Imanol Arias (‘Cuéntame cómo pasó’, Anacleto: Agente secreto), en la piel del Padre Sarasola, Ana Wagener (Contratiempo, El reino) como Fina Hidalgo y Eduardo Rosa (‘Presunto Culpable’) como el subinspector Goñi.

Sinopsis

Ha pasado un año desde que Amaia Salazar resolviera los crímenes que aterrorizaron al valle del Baztán. Embarazada y decidida a dejar atrás lo vivido en Elizondo, la vida de la inspectora se ve de nuevo alterada por un suceso inesperado: el suicidio de varios presos que dejan una única palabra escrita en la pared de sus celdas, Tarttalo. Los peligros que Amaia creía haber dejado atrás regresan con más fuerza que nunca y la inspectora deberá enfrentarse a este nuevo caso en una vertiginosa investigación amenazada por la presencia de su propia madre.