¿Sexo malo, o mejor no sexo?

 

Un trabajo de Mamen Jiménez en Tendencias.com (26-12-2019)

Muchos aún piensan que, en general, el ser humano prefiere, en cuanto a sexo se refiere, la cantidad a la calidad: "cuanto más mejor, sea como sea". ¿Será así? Veamos qué dicen al respecto doce hombres y mujeres a los que hemos pedido su opinión  a la pregunta "Si tuvieras que elegir, ¿qué prefieres, mal sexo o nada de sexo?"

Sandra (40 años. Heterosexual. Divorciada, con dos hijos). "Ante la posibilidad de sexo malo, entendiendo por éste uno que no me satisface, prefiero nada de sexo. Claramente. Prefiero satisfacerme yo misma".

Anabel (30 años. Heterosexual. En pareja. Sin hijos). "Si es malo, prefiero no tenerlo. Pero también es verdad que no considero bueno o malo solo por el placer físico: quiero decir, si hay sentimientos, amor, intimidad, lo preferiría aunque a nivel físico no sea el más placentero del mundo".

Claudia, 35 años. Heterosexual. En pareja. Dos hijos. Yo prefiero mal sexo a nada de sexo, porque aunque no sea bueno de tirar cohetes al menos hay cariñitos, toqueteos varios, caricias... ¡Mejor eso que ver la tele! Y aunque no “toques el cielo con las manos” es una forma la mar de entretenida de pasar el rato.

Amelia (31 años. Heterosexual. Tiene una relación abierta). "No sexo a mal sexo, sin lugar a dudas. Entiendo que mal sexo es el sexo que no quiero tener, en el que hay un momento en el que digo “Bah, preferiría estar haciendo otra cosa porque esto no va a ningún lado”. En el sexo tengo que estar contenta, feliz, disfrutando totalmente".

Jorge (40 años. Gay. Soltero). "Yo, para tener mal sexo, prefiero ver una peli. Claro que uno nunca va a saber si algo nuevo va a ser malo o bueno... así que al final te arriesgas y a veces acabas teniendo sexo regular, malo o buenísimo".

Rut (37 años. Heterosexual. Casada. Tiene un hijo). "No veo claro elegir entre las dos opciones, las dos me parecen malas, pero si tuviera que elegir diría que nada de sexo porque para mí el mal sexo lleva asociado falta de placer, de complicidad, de juego... y si eso se pierde lo mejor del tema. Además creo que un mal sexo a la larga, es decir, tener mal sexo prolongado en el tiempo, te deja más tocado que no tener sexo".

Fernando, 36 años. Gay. En pareja. Prefiero mal sexo que no sexo, la verdad. Cierto es que habría que definir mal sexo, pero en general, diría que prefiero malo a nada. A fin de cuentas el sexo, aunque sea malo, podría producir cierta liberación física mientras que el no sexo siento que me acabaría produciendo frustración.

César, 41 años. Heterosexual. Casado. Un hijo. "Depende mucho de qué entendamos por “mal sexo”. Hay situaciones que yo considero mal sexo en el sentido de que no es lo que idealmente elegiría, pero que aun así lo preferiría antes que no tener sexo. Por ejemplo, tener sexo con una desconocida que no me atrae especialmente no es lo que quiera o busque, pero lo prefiero a no tener nada de sexo".

Iván, 42 años. Heterosexual. En pareja. Dos hijos. "Tengo dos hijos y con lo complicado que es tener sexo, sinceramente lo primero que me sale es decir que prefiero mal sexo a nada de sexo: da igual que se tenga sueño, que haya prisa o que tenga que ser donde sea. Pero claro, es que eso en realidad no lo considero mal sexo siempre que haya predisposición por ambas partes. Mal sexo, mal sexo sería “por cumplir”, sin entusiasmo, con algún mal rollo (que hayamos discutido por algo antes, por ejemplo). Ése no lo quiero, la verdad, ni mucho ni poco".

Nada de sexo. Sonia, 34 años. Heterosexual. En pareja. Una hija. Yo prefiero nada de sexo, claramente. Cuando tengo mal sexo me frustro mucho e incluso me enfado. Para no disfrutar prefiero hacer otra cosa.

Juan Antonio, 39 años. Heterosexual. Casado. Dos hijos. Prefiero nada de sexo a mal sexo ya que no entiendo la relación sexual como algo valorable cuantitativamente (a pesar de que socialmente me da la sensación de que es así). Cuando voy a tener relaciones sexuales con alguien siempre intento disfrutar lo máximo posible de ese momento, por lo que si previamente veo que no voy a poder hacerlo por cualquier motivo, prefiero esperar a un momento donde pueda disfrutar y darlo todo. Para mí la complicidad con la otra persona, su disfrute, es esencial también, así que o buen sexo, o nada de sexo.

Cantidad o calidad: un modelo sexual obsoleto

El modelo sexual socialmente instaurado sigue vendiéndonos la idea de que los hombres “tienen ganas todo el tiempo” y las mujeres no, que para ellos el sexo es sexo y por tanto está bien siempre, mientras que nosotras necesitamos una serie de condiciones de componente emocional para disfrutarlo. Este modelo sigue poniendo en valor “el número” frente al disfrute.

Pero este modelo de sexualidad no solo no es cierto (las mujeres tienen deseo, y mucho; los hombres a veces no tienen ganas, ningunas...), sino que además es nocivo y a menudo conduce a trastornos sexuales: disfunción eréctil, problemas para llegar al orgasmo, etc.

Y ojo, no es que tener muchas parejas sexuales o practicar sexo muy a menudo sea negativo (esto lo depende de lo que cada uno quiera y le apetezca, faltaría más): es el cómo llegamos al sexo, los motivos, lo que condicionará la experiencia.

Si buscamos sexo “por engrosar nuestra lista” estaremos practicándolo por un motivo alejado del placer y esto a la larga puede tener consecuencias en el mismo: he visto en consulta a no pocos chicos de veintipocos sin deseo, aburridos del sexo precisamente por esto, por tenerlo como “algo que hay que hacer”, no buscando el placer, la diversión, el disfrute.

No hace falta que el sexo vaya ligado a intimidad, pero lo cierto es que, tal y como indican algunas de las personas que han contestado a nuestras preguntas, cuando ambas condiciones se dan, es la pera. Claro que también puede serlo sin afecto alguno, cuando es algo físico... pero “del bueno” (rellenar al gusto del lector qué entiende por “bueno”).

Como podemos ver hay respuestas dispares, pero en lo que casi todos coinciden es en la importancia de definir “mal sexo”, en lo que no coinciden muchos es precisamente en esa definición.

A pesar de no ser un estudio con rigor científico (ya nos gustaría poder hacerlo), las respuestas que hemos recogido dejan claro que hay opciones para todo: mujeres para las que el placer está por delante y hombres que no querrían mal sexo bajo ningún concepto, quien prefiere ver la tele a un sexo pichí-pichá y quien sin duda apagaría la tele aunque fuera para un rato de sexo regulero. Y tú, ¿qué prefieres?

¿Por qué buscamos a nuestros amantes en el trabajo?

 

Para echarnos un amante, ¿preferimos a alguien cercano, como un compañero de oficina, o un desconocido remoto? En este trabajo de Silvia C. Carpallo que publica el portal Yorokobu explica por qué a la hora de establecer una relación fuera de su pareja, las mujeres españolas lo hacen de forma mayoritaria con un compañero de trabajo.

El  33% de las mujeres españolas busca un amante en el lugar del trabajo, frente al 28% de las inglesas y el 27% de las italianas y alemanas, según un estudio sobre infidelidad femenina realizado por el Instituto Francés de Opinión Pública (IFOP) para la app de casados infieles Gleeden.

Aunque un menor número de españolas con respecto a otras europeas declaró haber llegado a tener sexo, sí que afirmaban haber tonteado o incluso haber practicado sexting a través de las redes o mensajes de texto más que el resto de europeas. En este caso, los receptores también eran conocidos, y muchas veces estas relaciones virtuales surgían en el entorno laboral.

Aunque el refranero español desaconseja las relaciones con compañeros de trabajo («Donde tengas la olla no metas la polla»), parece que poca gente tiende a hacerle caso. Más aún cuando se acercan las temidas cenas de empresa, donde las copas de más acaban causando estragos.

¿Por qué en el trabajo?

«Además de nuestro carácter más abierto y cercano, también debido a las horas de sol que disfrutamos con respecto al norte de Europa, tenemos horarios de trabajo más largos, poca conciliación, etcétera. En resumen, pasamos muchas horas en el trabajo y relacionándonos con la misma gente». Esta es la principal explicación que la sexóloga Emma Placer encuentra para el hecho de que el lugar de trabajo sea el entorno en el que surjan más atracciones sexuales.

No es España el único país donde las jornadas laborales son tan amplias. También ocurre en otros lugares como Asia. Sin embargo, la diferencia estriba en que, fuera de nuestras fronteras, los compañeros de trabajo no siempre son considerados amigos ni se comparte con ellos ciertas intimidades. Una cosa es salir a tomar unas copas de after work y otra, acabar contando allí la última discusión de pareja.

En cambio, en España, tendemos a estrechar muchos más vínculos con los compañeros. De acuerdo a un estudio realizado por LinkedIn, el 53,30% de los españoles encuestados pediría consejo sobre su pareja a un compañero de trabajo, respecto al 19,80% de las personas de otros países europeos.

Ese clima de confianza, de confidencias y de queja de la relación de pareja puede convertirse en un caldo de cultivo para acabar encontrando algo más que un hombro sobre el que llorar.

Pero hay un hecho más que apunta la sexóloga: «El ser humano se siente atraído por las personas que le resultan familiares, próximas, atractivas y que le son recíprocas. Una compañera o compañero de trabajo puede cumplir bastantes de estos requisitos y facilitar la aventura o relación sentimental o sexual».

Pros y contras

¿Tener un amante en el trabajo es la mejor de las ideas? Para Emma Placer, en estos entornos laborales «inevitablemente se generan relaciones de amistad, vínculos afectivos y de confianza; muy pocas veces es solo sexo», algo que puede verse como un pro o como un contra.

Si la idea es que no vaya a nada más y se quede solo en una cana al aire, la cosa puede complicarse, sobre todo si esa persona conoce en algún momento a la pareja oficial y hay resentimientos de por medio, o si directamente se descubre la aventura. Que el affaire haya sido con un desconocido al que no se va a ver nunca más no es lo mismo que con alguien con quien se comparten ocho horas cada día.

«Que sea conocida y que siga teniendo contacto con la persona no facilita que se refuerce la confianza del que se siente traicionado. Recuperarse de una infidelidad es más que posible, pero hace falta tiempo y poner distancia, justo algo que no se puede dar si compartes espacio de trabajo y horas en común con la persona en cuestión», apunta Emma Placer.

La sexóloga cree que no es lo mismo tener cierto tonteo con alguien de la oficina que pasar a mayores. «Los cuernos psíquicos, fantasear e imaginar son gratis y sanos. Otra cosa es hacer algo que no te gustaría que te hicieran a ti. Llegar a acuerdos con tu pareja, hablar del tema, es lo ideal en estos casos para evitar malestar y malentendidos». Porque si la relación es abierta, tener amantes en la oficina puede ser mucho más relajado.