Sexo y pareja

 

Mito o realidad: la infidelidad emocional

Por Marta Guerri en PsicoActiva.com (25-10-2020)

A lo largo del tiempo se ha hablado y escrito mucho sobre el tema de la infidelidad: sus implicaciones, consecuencias y los daños emocionales que ocasiona en las personas que han sido objeto de un engaño. Sin embargo, ¿Afecta de igual forma una infidelidad emocional que una sexual? ¿Lo viven igual hombres y mujeres?

Tipos de infidelidad

Comenzaremos por definir que es la infidelidad; según la Real Academia Española la palabra infidelidad viene del latín infidelĭtas, que significa falta de fidelidad. Por lo tanto implica la carencia de lealtad hacia cualquier compromiso moral en una relación amorosa o erótica. Es decir, ser infiel es romper de forma consciente un acuerdo afectivo o sexual preestablecido para el tipo de relación escogida, que generalmente es monogámica.

En cuanto a los tipos de infidelidad se entiende como infidelidad sexual a la relación que está basada únicamente en atracción y relaciones sexuales, mientras que la infidelidad emocional, se caracteriza por basarse en una relación amorosa, sin que exista un contacto de tipo sexual.

Causas de infidelidad

Las causas de la infidelidad son tan variadas como las personas que habitan el planeta tierra y puede estar relacionadas con la personalidad y la historia erótica individual; insatisfacción, aburrimiento, curiosidad, búsqueda de novedad, narcisismo, venganza, desenamoramiento, soledad, necesidad de amor, comunicación deficiente, crisis en la pareja, entre otras. Sin embargo, aunque muchas parejas la suelen considerar como la causante de una crisis en la pareja, en realidad cuando está llega a ocurrir, es porque la pareja ya había sido dejada atrás mucho tiempo antes.

Diferencias entre hombres y mujeres

Las teorías evolucionistas desarrolladas por David Buss y sus colaboradores, sostienen que los hombres se encuentran más preocupados que las mujeres ante una posible infidelidad sexual mientras que las mujeres se sienten más afectadas ante la posibilidad de ser engañadas emocionalmente por sus parejas. Para sostener estas afirmaciones, los psicólogos evolucionistas se basaron en la diferencia que existe entre hombres y mujeres, en la cantidad de energía a invertir y la posibilidad de transmitir los genes durante la reproducción.

Mientras que los hombres producen una cantidad elevada de espermatozoides, las mujeres tienen solo una oportunidad para transmitir sus genes, y en cuanto a la inversión de energía, lo que a un hombre le lleva una noche de sexo, para una mujer representa 9 meses de inversión. Por esta razón, los hombres serían más propensos a buscar la mayor cantidad de encuentros sexuales los cuales le permitan transmitir sus genes, mientras que las mujeres buscarían un número reducido de posibles parejas, privilegiando la calidad más que la cantidad.

Por otro lado, la mujer siempre tendría la certeza de que el hijo es suyo mientras que los hombres no tendrían esa certeza de facto, por lo que se verían obligados a vigilar a su pareja y alejar a posibles competidores para tener la seguridad de que la cría es suya, de ahí que le temiera tanto a la infidelidad sexual. En el caso de las mujeres ocurriría lo opuesto, ya que ellas buscarían que el hombre se comprometiera con recursos para la supervivencia de los hijos, y la existencia de otra competidora con hijos podría quitarle posibilidades a sus crías, por lo que desarrollaron una alarma ante la infidelidad emocional, ya que solo un hombre enamorado se quedaría el tiempo suficiente para proveer de recursos a un niño.

Cambio de patrones

Sin embargo, estudios recientes no coinciden con las teorías evolucionistas, ya que cada vez hay más mujeres que reaccionarían peor ante la infidelidad sexual y hombres que reaccionarían peor ante la infidelidad emocional, dándole mayor peso a la influencia cultural, que a la evolutiva.

Un estudio realizado en el 2009 en España en donde participaron de forma voluntaria 372 personas heterosexuales: 250 mujeres y 122 hombres con una edad media de 22 años. Encontraron que tanto hombres como mujeres eran más propensos a sentirse más amenazados ante una posible infidelidad emocional. En el caso de las mujeres este tipo de infidelidad era el que más afectaba independientemente del número de años de relación, atractivo de la pareja o personalidad, ellas se encontraban más preocupadas por un posible enamoramiento, que por un encuentro sexual.

En cambio, en el caso de los hombres se encontró que ambas infidelidades les preocupada indistintamente a lo largo de la relación. Sin embargo, si percibían su relación de pareja como algo a largo plazo o se encontraban en la parte inicial de la relación, percibían como más amenazante una infidelidad emocional, por lo que la infidelidad sexual quedaba desplazada.

Todos estos datos nos muestran que tanto mujeres como hombres se ven más afectados ante una infidelidad del tipo emocional, desmintiendo la idea de que a los hombres les preocupaba más la infidelidad sexual.

Hoy en día, tanto hombres como mujeres se ven igualmente afectados ante una infidelidad emocional de su pareja, los hombres al igual que las mujeres temen que su pareja se enamore de alguien, sobre la infidelidad que solo es del tipo sexual.

 

Qué hacer si os culpáis el uno al otro constantemente

Iria Reguera en tendencias.com (30-07-2020)

Todas las parejas discuten, esto es algo inevitable. Es más, todas las personas que tienen algún tipo de relación discuten, porque los desacuerdos son parte de las relaciones humanas. Sin embargo, esto que es común para todas las parejas, se puede ejecutar de una manera muy diferente en cada una de ellas.

La forma en la que discutimos importa mucho cuando hay diferencias en nuestra relación. En ocasiones nos podemos encontrar culpándonos el uno al otro, intentando de esta manera controlar el comportamiento de la otra persona haciéndola sentir culpable, sin asumir nosotros ninguna responsabilidad y sin ser capaces de llegar nunca a un acuerdo. De esta manera nos vemos envueltos en un patrón vicioso del que no podemos salir.

Solemos relacionar el hecho de errar o de acertar con nuestra autoestima. Cometer errores es humano y, sin embargo, consideramos que errar significa, de algún modo, que valemos menos. Que no somos lo suficientemente inteligentes, lo suficientemente buenas personas, etcétera.

Este miedo a no ser válidos por haber cometió un error hace que podamos ponernos a la defensiva e intentemos negar nuestra culpa. Sin embargo, cometer errores no dice nada sobre nuestro valor como personas. Todos los seres humanos los cometemos y si pensamos en nuestros seres queridos nos damos cuenta de que no los juzgamos ni los queremos menos por equivocarse de vez en cuando.

Aprender que ninguna equivocación nos define nos ayudará a empezar a ser capaces de aceptar la culpa. Es el primer paso.

En todas las discusiones suele haber dos partes. Pararnos a valorar por qué nos molesta tanto eso que ha hecho la otra persona, qué parte tenemos nosotros en esta situación, qué hemos hecho, qué hemos dicho y cómo podría haber sido interpretado por la otra persona puede ser importante.

No se trata de algo fácil, asumir nuestros errores y nuestra parte de culpa nos puede hacer sentir mal y es una sensación que puede no resultar agradable ya que es incómoda. Pero es un paso que se puede dar. Asumir la parte de culpa que tenemos, los errores que hemos cometido o por qué nos molesta tanto algo, es una manera de aprender.

Plantéate qué cosas puedes aceptar y cuáles no

En algunos casos las discusiones se dan por causas pequeñas que, a la larga, y a fuerza de culparnos el uno al otro se hacen grandes. Tu pareja nunca mete los platos en el lavavajillas o cuelga la ropa de una manera menos eficiente que la tuya. Tú tardas una semana en recoger la maleta después de un viaje y tu pareja la recoge a los cinco minutos. Te caen bien sus padres, pero prefieres verles menos de lo que a la otra persona le gustaría, etcétera.

Cosas que, a priori, son pequeñas, pero que después de tanto culparnos se vuelven enormes. La cuestión es que hay cosas con las que podremos vivir y tolerar y otras cosas que no. Tendremos que pensar si podemos aceptar las cosas que vemos y hacemos de manera diferente o si, por el contrario, son cosas con las que nunca podremos vivir.

Verbalizar cuando se esté dando un intento de culpabilización

Tanto si eres tú quien está culpando a tu pareja, como si es al revés, puede ser buena idea que os lo señaléis cuando ocurra. Que lo verbalicemos y evidenciemos que está ocurriendo será una manera de frenarlos y buscar otra manera de enfrentar los problemas, pedirnos lo que necesitamos y hablar sobre el motivo del conflicto.

Explicad cómo os hace sentir

Que nos culpen todo el rato, en cualquier discusión, no resulta agradable. Es doloroso, puede hacer que nos pongamos a la defensiva o que nos lleve a hacer cosas que, en realidad, no queremos solo porque nos sentimos culpables. Explicaros entre vosotros cómo os hace sentir esa estrategia y por qué e intentar llegar acuerdos sobre otras maneras de tratar las cosas que os molestan.

 

Cinco ideas para disfrutar juntos... pero no como siempre

El placer más allá del coito

Por Mamen Jiménez en tendencias.com (25-06 2020)

Si te pedimos que pienses en sexo, en buen y satisfactorio sexo, es muy posible que en tu cabeza se proyecte una escena de cama con penetración. El modelo sexual actual tiene como estrella al coito, pero hay otras muchas vías de disfrutar de nuestra sexualidad sin que tenga que haber penetración. Aquí van unas cuantas ideas.

Sexo... ¿sin penetración?

Para muchos el sexo sin penetración es algo circunscrito a la adolescencia, a esa etapa en la que “es que no se puede hacer otra cosa”, y por tanto se percibe como algo no deseable, con poco “prestigio”.

Para otros, todo lo que no sea coito no es sexo “de verdad”, de manera que infravaloran cualquier actividad sexual que no sea esto.

Así, gracias al modelo sexual imperante, entre otras cosas, la penetración se ha hecho la reina de la sexualidad, y lo demás (que es mucho) ha pasado a segundo plano.

Pero no, en realidad no es algo secundario, un estadio de inmadurez sexual ni un “entretenimiento previo”. Es placer, y el placer siempre, siempre, es bienvenido.

Ideas para tener un sexo muy placentero sin penetración

Ya sea porque quieres ampliar y mejorar tu vida sexual, porque estás con la regla y el sexo con penetración no te va en esos momentos del mes... Puede ser que tengas alguna molestia o patología y que el sexo con coito no sea recomendable, o directamente que te apetezca no hacerlo, y punto.

Sea por lo que sea, el sexo es más que coito, y disfrutarlo en todo su esplendor merece la pena.

1. Frotarse

¿Que hace frío? No hace falta ni que os quitéis la ropa para disfrutar a tope.

El roce de la vulva, especialmente del clítoris, con otra superficie (en este caso tu pareja sexual), puede llevarte al orgasmo.

¿Ideas?

Sentada a horcajadas (amazona) sobre tu pareja, de manera que con tu vulva roces también sus genitales.

Con una de sus piernas entre las tuyas (y una de las tuyas entre las suyas), de manera que con los muslos frotéis los genitales del otro.

Tu pareja tumbada boca arriba, con las piernas flexionadas, y tú sentada encima, dándole la espalda, con una de sus piernas entre las tuyas. En esta postura tienes totalmente el control de la fricción, velocidad... así que el placer está asegurado.

En el caso de los chicos, una buena sesión de “frotamiento” también puede llevar al orgasmo, siempre que tengan cuidado de no hacerse daño en el pene (ojo con la presión, con los movimientos bruscos de rodilla...).

2. Masturbación mutua

Que no haya coito no significa que no juguemos con los genitales, se trata de que nos olvidemos un poco del “pene en vagina” porque al final es lo que acabamos haciendo y la rutina nos devora.

Llevar al otro al top de su placer sin recurrir a la penetración puede ser de lo más excitante: piensa en la sensación de poder erótico al tener al otro en tus manos, literalmente.

Tocaos, dejaos llevar... no hay que parar si no se quiere, no es un juego previo: vais a disfrutar hasta el final el uno del otro, de vuestras manos, de vuestros movimientos.

Si os animáis y os sentís cómodos, también podéis probar a masturbaros delante del otro, es decir, cada uno se toca solo a sí mismo mientras el otro le observa. Puede ser los dos a la vez o por turnos.

Masturbarse delante de la pareja es algo realmente íntimo que puede proporcionaros, si es que os gusta, grandes dosis de excitación.

Además, esas “imágenes mentales” de tu pareja tocándose para ti, las puedes almacenar directamente en tu disco duro mental en la carpeta “material hot” y recurrir a ellas siempre que quieras. ¡Porno mental!

3. Bésame... mucho

¿Sabías que puedes llegar al orgasmo a través de una buena sesión de besos en la boca? Pues sí, para empezar porque los labios cuentan con un montón de terminaciones nerviosas que hacen que su estimulación sea de lo más placentera.

Helen Fisher, conocida antropóloga, señala que besar estimula una de las partes primarias del cerebro relacionada con el deseo sexual y el apego a largo plazo con una pareja.

Se estima que una sesión de 15 minutos de besos intensos en la boca reduce los niveles de cortisona, la hormona del estrés, lo que te deja nueva y estupenda para disfrutar de lo que venga.

Y oye, si de la boca quieres pasar a besar otras zonas... seguro que también sientes placer, mucho placer.

4. Masaje... sin final feliz

Cuando tenemos en mente la penetración como finalidad última de nuestras relaciones sexuales, pasamos por alto acciones y partes del cuerpo que no solo son maravillosas, sino que nos pueden proporcionar grandes dosis de placer.

Una sesión pactada de masaje, juntos y desnudos, con el acuerdo de no coito, puede ser la vía perfecta no solo para (re)descubrir el cuerpo del otro, sino también para abandonarnos al placer del tacto.

Y precisamente abandonarse es algo que necesitamos para excitarnos, para desear, para el placer: si nuestra cabeza se va a la lista de lo que tenemos pendiente por hacer, al proyecto pendiente o al michelín que quizá se nos note, no está en lo erótico, que es donde tiene que estar.

Los masajes no exigentes, es decir, los que se dan y se reciben por puro placer, sin el objetivo de acabar con coito, son paradógicamente muy excitantes, suelen llevar a bastante placer y acabar en orgasmo.

Así que ya sabéis: aceites de masaje (que sean con base al agua si luego vais a masturbaros introduciendo los dedos), velas, música... lo que os apetezca y os ponga, pero sin coito.

5. Juguetes sexuales

En el mercado hay infinidad de juguetes sexuales con los que disfrutar de una velada sexual de lo más placentera sin que la penetración (pene-vagina) sea la estrella de la fiesta.

Vibradores, dildos, plugs anales, anillos vibradores... Pídele a tu pareja que juegue contigo y/o juega tú con ella, ¡hay muchas posibilidades!

Si no los habéis usado nunca puede que os de cierto reparo, pero con una buena comunicación y ganas de disfrutar eso dura poco.

Podéis empezar por contaros el uno al otro qué os apetecería probar, qué os da curiosidad. Id juntos a comprarlo (esto ya puede ser parte del juego erótico), y camino a casa, id pensando y charlando sobre cómo lo vais a estrenar. Planazo, ¿no?

Sí, la penetración es estupenda, da gustito y nos encanta, pero si nos ofuscamos con que es lo único, lo verdadero, estamos perdiéndonos un montón de placer y corriendo el riesgo de caer en la letal rutina. Tu cuerpo es una fuente infinita de placer, ¡juega con él!

 

 La tecnología que nos ayuda a tener mejor sexo

Siete aplicaciones con las que puedes mejorar tu vida sexual

Anabel Palomares en tendencias.com (27-06-2020)

La rutina es una rueda que, en ocasiones, aplasta las ganas de sexo. Por eso probar nuevas posturas, planear una excitante velada o explorar más allá de lo habitual, le dará un extra de placer a nuestros encuentros sexuales.

Pero ¿y si la tecnología pudiera ayudarnos a tener mejor sexo? No en plan chungo como en la peli Sex Tape en la que iCloud les juega una mala pasada a los protagonistas. Más bien usándola como un complemento que podría unirse a nuestras noches de pasión.

No hablamos de juguetes sexuales, que en el mundo de la tecnología han encontrado un hueco con vibradores, succionadores y demás novedades tech, sino de aplicaciones gratuitas que podemos instalar en el móvil y que pretenden que tengamos más y mejor sexo. O al menos, diferente.

Desire, juego para parejas (Para iOs y Android

Tanto si sois una pareja competitiva como si no, esta aplicación es ideal para ponerle un punto divertido a la relación. Podréis mandaros retos el uno al otro y ganar puntos si los superáis. Tenéis un tiempo para hacerlos y hasta podéis conseguir trofeos como en una auténtica competición.

Cada semana incluyen retos nuevos que van desde juegos de rol en la cama a aventuras de viaje o posturas muy hot y que están agrupados en diferentes categorías. Además, tienes la opción de crear desafíos a medida. Realmente excitante.

Kegel Exercises (Para Android. Si tienes iOS puedes probar la aplicación Ejercicios Kegel Trainer PFM)

Ya te hemos contado los beneficios que tiene mantener un suelo pélvico de diez, como conseguir orgasmos más potentes o evitar las pérdidas de orina, por ejemplo. Puedes entrenarlo con abdominales hipopresivos, pilates, yoga o con los famosos ejercicios de Kegel. Esta aplicación es ideal para entrenar tu suelo pélvico con ejercicios de Kegel de una forma sencilla.

Sex Roulette (Para iOS y Android)

Si sois una pareja atrevida esta aplicación de juegos picantes está pensada para probar cosas nuevas. Tiene modos gratuitos y montones de juegos diferentes agrupados en varias categorías como “dados calientes”, “verdad o reto” o “kama ruleta”. Y si te gusta y quieres más, puedes comprar extras en cada categoría o desbloquear todo el contenido por 24,99 euros.

Feeld (Para iOS y Android)

¿Has pensado en abrir tu pareja? O tal vez sólo se te ha pasado por la cabeza practicar un trío… Es una fantasía que está en la cabeza de muchos hombres y mujeres según los estudios, y esta aplicación es la solución para hacerla realidad. Puedes inscribirte sola o en pareja y sirve para conocer gente nueva y hasta para compartir el poliamor con otras parejas. Podríamos decir hasta que es el Tinder de los tríos.

Kindu (Para iOS y Android)

Es este juego prima la sinceridad y la conexión con tu pareja tiene premio. Kindu ofrece distintos juegos sexuales y más de 600 preguntas que debes contestar con tu pareja.

Si durante la ronda de preguntas ambos miembros de la pareja coinciden, podrás agendar esa fantasía en el calendario sexual de la app.

Dos aplicaciones con posturas del kamasutra

Existen numerosas aplicaciones que te ayudarán a consultar diferentes posturas sexuales, pero hay dos muy sencillas de usar y gratuitas. Para iOS tienes 69 Posicions, que te permite desbloquear todas pagando o desbloquear al azar después de ver un vídeo, y si estás en Android, Kamasutra Application.

Probar una nueva postura -como alguna de las más buscadas por los españoles, por ejemplo- es una forma genial de jugar en pareja y salir de esa rutina en la que a veces, nos sumergimos sin darnos cuenta.

 

Todo lo que hice para superar mi divorcio

Chloe en Tendencias (12-04-2020)

¿Habéis oído hablar de las fases del duelo? Ya sabéis, negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Pues en mi divorcio las pasé todas, aunque me quedé más atascada en unas fases que en otras y hubo días en los que pasé por todas a la vez. También hay regresiones, días que parecía que nunca lo iba a superar, hasta que poco a poco me fui reconstruyendo. Llegó un momento que en cada vez me sentía mejor y vi lo que antes me parecía imposible: la luz al final del túnel. Así conseguí superar mi divorcio.

Lo más difícil: tomar la decisión

Decidir que ya no vale la pena luchar por tu matrimonio, algo que ha sido tu vida durante tantos años, algo que te ha llevado a tener hijos en común, un futuro por delante, a crear un hogar, es probablemente uno de los pasos más complicados de dar en la vida. Parece que toda tu vida se derrumba, que todo el amor fue mentira, que no hay futuro por delante. No es nada fácil pensar con claridad, seguir adelante con tu vida y con tu trabajo, cuando lo único que sientes es rabia porque no ha funcionado.

Sé que es importante intentar arreglarlo, darte una segunda oportunidad, entender que no siempre estás 100% enamorada de tu pareja y que merece la pena luchar por tu matrimonio o por remontar el amor por tu pareja, y hay gente a la que le funciona y consigue solucionar sus problemas de pareja.

No hay que tirar la toalla demasiado pronto, pero también es fundamental no prolongar la agonía, ver cuándo las cosas no tienen solución, que ni tú ni él tenéis ganas ni energía para cambiar la situación y que hagáis lo que hagáis, lo vuestro no tiene arreglo. Decir adiós definitivamente, reconocer ese desamor, a veces puede ser un alivio, y hay que verlo como un nuevo inicio en tu vida.

Dar el paso de decir adiós, hablarlo con tu pareja, decidir cómo va a ser la ruptura requiere muchas dosis de paciencia, la cabeza bien fría y saber comportarte como un adulto. Spoiler: el divorcio sacará lo peor de ti mismo y ni tú misma te reconocerás en esa persona amargada e histérica en la que te has convertido y no entenderás cómo podías estar enamorada de alguien que ahora solo te hace daño con sus palabras.

Pero todo se supera, es cuestión de tiempo y de esfuerzo poder reconciliarte con quién eres, incluso con tu ex-pareja para tener una relación amistosa, para entender que la relación que tuviste valió la pena por los años buenos, y poder dejar atrás lo malo (en estos casos, tener mala memoria es un punto a favor).

Cosas que me ayudaron a superar el divorcio

No hay receta mágica, y supongo que lo que les sirve a unas personas no les servirá a otras. Pero hay algunas cosas que me ayudaron a superar el divorcio.

  • Hablar con gente de confianza. Una madre, las amigas, están ahí para escuchar, también me ayudó a hablar con gente que había pasado por lo mismo, que lo había pasado fatal pero ya había salido adelante. Muchas veces lo único que necesitaba era desahogarme, soltarlo todo, para empezar a sentirme mejor. Tampoco hay que prolongar innecesariamente esta fase. Recrearme en todos mis errores o en todos sus errores, criticar a mi ex hasta el hastío, solo hacía que me quedara atascada en el hoyo en lugar de tirar para adelante; realimentaba la rabia y el dolor que sentía.

 

  • Reorganizar mi vida. Una de las peores cosas de un divorcio es que todo se tambalea: dónde voy a vivir, cómo será la custodia de los niños, cómo planificar mi futuro financiero eran cuestiones que me impedían dormir y me llenaban de pensamientos negativos durante las 24 horas del día. Hacer números, aclarar dudas con un abogado, llegar a un acuerdo con tu ex bueno para los dos, establecer una negociación sana, en la que no haya perdedores ni ganadores, en la que cedas cosas para que el otro también las ceda, es bueno para cerrar las heridas y me ayudó a tranquilizarme y a ver el futuro de manera más positiva.
  • Llenar mi día de momentos buenos y tranquilos. Cuando más negro lo ves todo, en la peor fase de la ruptura, hay que empezar con cosas sencillas. Así que me dediqué a hacer cosas que me ponen de buen humor fácilmente, como ver una peli tonta, comer helado, salir a dar un paseo, meditar, leer un libro, hacer algo de deporte o a centrarme más en el trabajo. Ocupar mi mente para que mi día no fuese totalmente negro sino que hubiera algo que me permitiera relajarme y olvidar los pensamientos negativos durante un rato.
  • Probar a hacer cosas nuevas. Estar sola tiene sus cosas buenas, como atreverme a hacer eso que siempre he querido probar pero que nunca he encontrado el momento para hacerlo: clases de cocina, un nuevo deporte, incluso viajar sola son actividades que me hacían ilusión y que daban un motivo para levantarme por la mañana con alegría.
  • Mimarme. Me he cuidado más que nunca: caprichos en forma de vestido nuevo con el que me veía divina, comprar un perfume para dar aroma nuevo a mi nueva yo, acudir a un masajista, probar ese cosmético que siempre me había llamado la atención pero que me resistía a comprar por el precio o, ¿por qué no? descubrir todo el placer de algunos juguetes sexuales.
  • Abrir mi círculo de amistades. A todos nos pasa que según cumplimos años nos vamos cerrando en nuestra rutina diaria y cada vez coincidimos menos con nuestros amigos de siempre. Con el divorcio he conseguido volver a quedar más con mis amigas (ellas también lo estaban deseando), me he reencontrado con gente de mi pasado para hacer planes, y he conocido a gente nueva porque nunca es demasiado tarde para hacer amigos nuevos. He intentado apuntarme a todos los planes, porque nunca sabes cuándo te lo vas a pasar genial.
  • Descubrí que sola se está genial. Llevaba con pareja prácticamente toda mi vida. No he sido nunca una persona soltera. Así que ahora estoy disfrutando de mi independencia y construyendo una red social más amplia, más variada. Porque el amor (romántico) no es la antítesis de la soledad.
  • Y una nueva relación ¿para cuándo? Por mi parte, no hay prisa. Con los años creo que nuestra maleta se va llenando y nos cuesta más encontrar a alguien que encaje de nuevo con todo lo que queremos. Tampoco hace falta que firmemos un voto de castidad. No hace falta que sea el amor de tu vida para pasar un buen rato. Y aunque parezca difícil hacerlo con alguien que no sea tu pareja de siempre, te hace darte cuenta de que la vida sexual puede estar llena de primeras veces.

No creo que exista una receta mágica para superar el divorcio. Sin embargo, si antes hacía recuento de mis días y todos me parecían grises y tristes, ahora hecho la vista atrás a las últimas semanas, del presente y de los planes que tengo para los próximos meses y veo que estoy llenando mi vida de momentos divertidos y apetecibles, lo cual es lo más parecido a la felicidad que he encontrado en la vida.

La anorgasmia y sus causas más comunes

 

Iria Reguera en Tendencias

De sexualidad no se habla tanto cómo se debería, pero de trastornos que afectan a la sexualidad todavía menos. Esas cosas se siguen guardando para nosotros, y nos cuesta sacarlos de la habitación. Sin embargo, aunque no lo hablemos, la realidad es que alrededor de un 12% de las mujeres sufrimos en algún momento de nuestras vidas algún tipo de disfunción sexual, siendo uno de los más habituales la anorgasmia.

En realidad, la anorgasmia puede afectar también a los hombres, pero somos las mujeres quiénes más lo padecemos. Una vez escuché que los orgasmos son parecidos a los estornudos. La excitación que va en aumento sería el equivalente al picor que sentimos en nuestra nariz cuando estamos a punto de estornudar y el estornudo en sí es la liberación, igual que el orgasmo es la liberación de la excitación. La anorgasmia es el equivalente a sentir ese molesto picor en la nariz, pero no poder estornudar nunca.

A veces se confunde con el hecho de no tener deseo sexual o no poder sentir excitación, pero no es así. De hecho, las personas que padecen anorgasmia pueden sentir excitación -y mucha- pero tienen muchas dificultades para conseguir un orgasmo o, simplemente, no lo consiguen independientemente de la excitación previa. Esto puede ocurrir de manera puntual, pero para algunas personas supone una situación habitual, lo que puede ser considerado como una disfunción.

Existen diferentes subtipos de anorgasmia, que se clasifican en primaria, secundaria o situacional. En el caso de la primaria, la persona nunca ha podido tener un orgasmo. En el caso de la secundaria, la persona afectada habría podido tener orgasmos con anterioridad, pero después dejó de tenerlos. Cuando se trata de una anorgasmia situacional la afectada solo consigue tener orgasmos en circunstancias concretas.

La mayoría de las causas son psicológicas

La anorgasmia puedes estar provocada por causas físicas u orgánicas, como enfermedades como la diabetes o el Parkinson, por consumo de algunas sustancias o por problemas ginecológicos. Sin embargo, la mayoría de los casos de anorgasmia están provocados por causas psicológicas y es importante que las conozcamos, no solo para poder reconocerlas, sino también para poder ponerles solución.

 

  • Problemas de autoestima: la imagen corporal que cada una de nosotras tenemos resulta extremadamente importante a la hora de mantener relaciones sexuales y sentirnos cómodas con ellas. Una falta de autoestima, una imagen corporal negativa, o no sentirnos cómodas y felices en nuestra propia piel puede afectar a nuestra sexualidad, provocando que no estemos cómodas, que nos sintamos inseguras y que estemos preocupadas durante las relaciones. Esto puede derivar en problemas para conseguir disfrutar de las relaciones o alcanzar el orgasmo.
  • Problemas en la pareja: el estado de nuestra relación puede afectar a la calidad de nuestras relaciones sexuales. Para algunas personas, el que su relación tenga problemas fuera de la cama puede afectar a la vida sexual. También la falta de conexión o mala comunicación que afecte a que no seamos capaces de comunicarle a nuestra pareja lo que necesitamos.
  • Lagunas o baja educación sexual: en ocasiones, una mala educación sexual puede provocar que algunas de nosotras tengamos concepciones erróneas de las relaciones sexuales. El hecho de no conocer bien nuestro cuerpo, no saber qué prácticas sexuales son seguras o la efectividad y utilidad de los métodos anticonceptivos, puede generar tensión y miedo ante la posibilidad de tener un embarazo no deseado. Esa tensión puede provocar que las personas no sean capaces de alcanzar el orgasmo.
  • La influencia de factores culturales o sociales: por desgracia, la sociedad sigue influyendo en nuestra vida sexual mucho más de lo que nos gustaría. El placer femenino ha sido, por muchos años, tabú. No solo no se hablaba de él, ni se informaba sobre él, sino que incluso se veía con malos ojos o se negaba. Actualmente, estamos trabajando para dejar atrás esa situación y empoderar a las mujeres en el disfrute de su propio cuerpo y placer. Sin embargo, no todas las mujeres están todavía en ese punto y algunas pueden sentir vergüenza o culpa hacía su sexualidad, que resulte en problemas como la anorgasmia.

Buscar ayuda profesional

Si creemos que estamos padeciendo este problema, lo más importante es saber que no es nada de lo que avergonzarse y puede tratarse con la ayuda adecuada. Nuestro médico evaluará si se trata de un problema físico o psicológico y podrá recomendarnos el tratamiento más adecuado para nosotras.

En el caso de que se deba a causas psicológicas, un profesional de la psicología o sexólogo podrá darnos las herramientas necesarias, y trabajar con nosotras las causas subyacentes que están impidiendo que disfrutemos de nuestra sexualidad plenamente. Todas tenemos derecho a disfrutar de nuestro cuerpo y de nuestra vida íntima y buscar la ayuda necesaria nos ayudará a conseguirlo.

Aclarando dudas

 

No consigo llegar al orgasmo con mi pareja, ¿es porque me masturbo mucho?

Mamen Jiménez en Tendencias (1-03-2020)

Cuando me masturbo suelo llegar al orgasmo casi siempre, pero cuando estoy con mi pareja rara vez lo consigo. ¿Será que me he acostumbrado a hacerlo sola y por eso no puedo con otra persona? ¿Me estaré masturbando demasiado? Si te sientes identificada con algo de esto sigue leyendo, porque no, no eres la única... y no, que te masturbes no tiene nada que ver con las dificultades para alcanzar el orgasmo en pareja.

Estas dos preguntas las he escuchado no pocas veces en consulta y fuera de ella... Así que insisto: si es tu caso, debes saber que no eres la única a la que le cuesta infinitamente más llegar al orgasmo en pareja que cuando se masturba: es algo que pasa a muchas mujeres y hombres, así lo confirma, concretamente en el caso de las chicas, un estudio publicado en el Journal of Sexual Medicine en 2018.

Los motivos

¿Cómo te sientes acerca de masturbarte? ¿Estás completamente cómoda con ello o hay un regustillo amargo al final?

¿Por qué te pregunto esto? Socialmente la masturbación femenina sigue siendo un tanto tabú y algo “impropio”, algo que una chica con pareja “no debería necesitar” (sí, seguimos escuchando estas cosas aunque no te lo creas), de manera que muchas a pesar de disfrutarlo y de hacerlo, luego no se sienten del todo bien o se cuestionan si deberían dejar de hacerlo.

Esto suele hacerse más patente, claro, cuando además encontramos dificultades para alcanzar el orgasmo en pareja, porque viene, entre comillas, a confirmar esas “ideas” acerca de la masturbación femenina. Pero no, que disfrutes de tu cuerpo y que lo hagas las veces que te dé la gana no es lo que hace que el orgasmo te sea esquivo en pareja.

¿Cuáles son entonces los motivos?

No hay un motivo único y universal, en cada caso es posible encontrar una combinación de varios factores. Estos son algunos de ellos:

Hay otra persona: esto, que parece de perogrullo, es algo a tener en cuenta, porque no es lo mismo tú solita, que tener al lado a alguien que respira, que te toca (a su ritmo, con sus manos)... para lo bueno, y para lo malo. Cuando te masturbas tú tienes el control de TODA la situación, de TODO lo que en ella sucede, y claro, en pareja no.

Cuando te masturbas estás totalmente concentrada en el placer, ya sea en lo que sientes, en lo que piensas o en lo que estás viendo (si es que te masturbas viendo porno, por ejemplo). Pero con otra persona los factores sobre los que posar nuestra atención se multiplican, y con ellos nuestra distracción.

Si pensamos que sí o sí hay que llegar al orgasmo, que además ha de llegar durante la penetración y, a poder ser, los dos al mismo tiempo, vamos a estar más pendientes del cómo y del cuándo que del placer, lo que hará que sea mucho más difícil tener un orgasmo. En estos casos pueden invadirte pensamientos del tipo “A ver si llega”, y ese pensamiento lo único que hace es alejarlo.

¿Cuánta es la estimulación necesaria para llegar al orgasmo? ¿Cuánto debe durar? Evidentemente no hay una sola respuesta para esta pregunta, dependerá de lo que tú necesites, y eso pueden ser 2 minutos... o 20. Muchas parejas (ellos y ellas) creen que con unos pocos minutos es más que suficiente, pero algunas mujeres al hacerlo con otra persona necesitan más tiempo, ¡y es de lo más normal!

Coito, coito, coito. Si nos limitamos al coito, o dedicamos una cantidad de tiempo mínima a “todo lo demás” (no lo llamemos previos, porque no lo son), estaremos perdiendo una estimulación maravillosa que seguro nos acerca al orgasmo (o nos lo pone en bandeja).

Control: a veces nos cuesta “dejarnos llevar”, y al no estar relajadas del todo con otra persona el orgasmo se resiste. Reflexiona: ¿te preocupa que tu pareja piense algo negativo si te dejas llevar? ¿Qué temes que pueda pasar? ¿Hay algo que te avergüence?

No, no eres la única persona que llora tras el orgasmo. Y no, no es necesariamente por amor

No es un motivo: a veces pensamos que quizá esto se deba a que hay un problema en la pareja, pero no necesariamente esto es así. Si crees que es tu caso, reflexiona acerca de ello, ¿crees que podría ser cierto? De ser así, piensa en qué factores de tu relación podrían mejorarse, qué necesitas, qué hay que cambiar y habla con tu pareja (siempre podéis acudir a un terapeuta de pareja que os ayude en el camino).

¿Hay algo que pueda hacer?

Cuando hay dificultades para alcanzar el orgasmo, los sexólogos nos apresuramos a recomendar pasar tiempo “jugando a solas”, entre otras cosas, pero como tú ya lo haces, y te va genial, prueba con estos otros consejos:

Concéntrate en lo que estás sintiendo, no es si viene o no viene, porque entonces te estarás saliendo de la escena y observándola desde fuera, lo que lleva en la mayor parte de los casos a no llegar al orgasmo.

Déjate llevar: no intentes controlarte, ni medir tus movimientos, palabras o gemidos... haz lo que te pida el cuerpo, que es precisamente para lo que “hemos venido”, ¿no? A veces tenemos “perder el control” o quedar expuestas, y en cierta forma eso hace que no nos abandonemos al placer. ¡Pues ahora a soltarse!

Date tiempo: esta es quizá una de las variables más decisivas pero que al mismo tiempo más cuesta. Como decía antes, evidentemente no es lo mismo hacerlo sola que con otra persona, que se mueve, que te toca... que no eres tú y tu concentración total. Muchas mujeres que no lograban el orgasmo en pareja consiguen tenerlo cuando dejan de estar pendientes del tiempo que llevan, cuando sus parejas no las presionan “porque ya llevan mucho rato” (esto lo he escuchado en consulta, tal cual)... Para que te hagas una idea, el estudio que mencionaba al inicio de este artículo, el del Journal of Sexual Medicine, indica que de media, las mujeres que participaron tardaban unos 8 minutos en llegar al orgasmo cuando se masturbaban, frente a los 14 cuando era en pareja.

 

Prueba cosas: a veces lo que a ti te funciona a las mil maravillas estando sola no es efectivo con otra persona, pero si hay algo maravilloso en el sexo (a parte del sexo en sí mismo, que es lo más) es la posibilidad de explorar, de jugar, de probar, etc. Quizá nunca lo imaginaste ni era algo con lo que fantaseabas, pero resulta que en cuanto probaste a... fue infalible.

El clítoris es nuestro amigo: su estimulación garantiza excitación, así que tú, tu pareja, con un balín vibrador, con un anillo, con la lengua, con la mano, con lo que se te ocurra... * Durante el coito probad posturas en las que ambos, o al menos uno de los dos, tengáis acceso a tu clítoris, ¡y a estimularlo!

Lubricante: para estimularte el clítoris y/o para la penetración un poco de lubricante puede suponer la diferencia.

Incorpora la masturbación (ya que es infalible) a tus relaciones de pareja: puedes masturbarte delante de tu pareja si es que es algo con lo que os sentís cómodos, o puedes enseñarle cómo te gusta de manera específica... o podéis hacerlo los dos a la vez (masturbarte, digo).

Cuando te masturbes, prueba de diferentes formas: es cierto que en esto de masturbarse los humanos solemos ser muy “sota, caballo, rey” y tendemos a hacer “lo que funciona”. Probar nuevas formas tú sola, relajada y tranquila puede ser una buena forma de reorientar tu placer de cara a relaciones sexuales con otra persona.

No, no te pasa nada malo, así que, que nadie te intente convencer de lo contrario. Disfruta del sexo, sola o acompañada, haz lo que te apetezca, lo que te pida el cuerpo, pide lo que quieras, déjate llevar... y oye, si al final no llega el orgasmo, ¡que te quiten lo bailao!

Sitios para hacer el amor fuera del hogar y huir de la monotonía

Marta Díaz de Santos –Tendencias (21-02-2020)

Todas las parejas tienen tres vértices y el tercero es, en la mayor parte de las ocasiones, la monotonía. Hay que vivir con ella como un equilibrista sujeta su barra… Se trata de dar pasos cortos, no mirar al vacío y seguir hacia delante.

Cuando la monotonía llama a tu puerta hay que tener mucho cuidado porque, a poco que te descuides, se meterá en tu cocina, se comerá tu comida, se sentará en tu sofá preferido y dormirá en tu lado de la cama.

Para evitar que seas una más en la larga lista de las víctimas de tan implacable ‘parásito’, te recomendamos una serie de lugares donde recuperar sensaciones que permanecían guardadas en el cajón de los calcetines a remendar:

En un 4x4 con cristales tintados en Madrid Central

Saber que miles de desconocidos están pasando a centímetros de vosotros y que nadie puede siquiera intuíros será una sensación inolvidable. Sólo habrá dos maneras de ser descubiertos: por el ruido y el movimiento del coche.

En los probadores, por supuesto vigilados, de una tienda de lujo en la milla de oro de la capital

La excitación será máxima y el riesgo a ser cazados con las manos en la masa hará que recuperéis todas vuestras ganas.

Como buenos ‘amantes pasajeros': en los baños de un avión

Muy de película. Y si no que se lo pregunten a Asthon Kutcher y Amanda Pett, que dieron rienda suelta a la pasión en ‘El amor es lo que tiene’ con esa escena en la que todo comienza cuando ella llama a la puerta de la cabina del servicio en pleno vuelo.

En las alturas

En un ascensor exterior de un rascacielos, en un teleférico o una cabina de estación de esquí. En los tres casos sentirás que en el momento del clímax eres capaz de volar.

En un túnel de lavado

Y recuerda pagar el modo abrillantado… ¡tendrás tres minutos extra!

En un maratón de cine

En el que se revise la filmografía de Coppola, empezando por ‘El Padrino’, antes de que muera el patriarca. Tu cara denotará máxima felicidad.

En el mar

Para ello, evita los corrientes y zonas de pesca con arpón, para evitar posibles confusiones.

En el trabajo

Utiliza la excusa perfecta para visitar a esa persona y cerciórate de que encontráis un despacho con pestillo en el que discutir ese tema que no puede hacerse esperar. Es posible que necesitéis volver a estudiarlo detenidamente por segunda vez con más detenimiento.

En el tanatorio

Para los más irreverentes será difícil dejar pasar la oportunidad de hacerlo en un tanatorio. Será el mejor responso que se le podrá dedicar al finado.

Y para terminar...

Ten en cuenta que realmente no es necesario salir de casa para volver a encender la llama. Basta con recordar todo lo bueno que ha tenido esa relación.

¿Sexo malo, o mejor no sexo?

 

Un trabajo de Mamen Jiménez en Tendencias.com (26-12-2019)

Muchos aún piensan que, en general, el ser humano prefiere, en cuanto a sexo se refiere, la cantidad a la calidad: "cuanto más mejor, sea como sea". ¿Será así? Veamos qué dicen al respecto doce hombres y mujeres a los que hemos pedido su opinión  a la pregunta "Si tuvieras que elegir, ¿qué prefieres, mal sexo o nada de sexo?"

Sandra (40 años. Heterosexual. Divorciada, con dos hijos). "Ante la posibilidad de sexo malo, entendiendo por éste uno que no me satisface, prefiero nada de sexo. Claramente. Prefiero satisfacerme yo misma".

Anabel (30 años. Heterosexual. En pareja. Sin hijos). "Si es malo, prefiero no tenerlo. Pero también es verdad que no considero bueno o malo solo por el placer físico: quiero decir, si hay sentimientos, amor, intimidad, lo preferiría aunque a nivel físico no sea el más placentero del mundo".

Claudia, 35 años. Heterosexual. En pareja. Dos hijos. Yo prefiero mal sexo a nada de sexo, porque aunque no sea bueno de tirar cohetes al menos hay cariñitos, toqueteos varios, caricias... ¡Mejor eso que ver la tele! Y aunque no “toques el cielo con las manos” es una forma la mar de entretenida de pasar el rato.

Amelia (31 años. Heterosexual. Tiene una relación abierta). "No sexo a mal sexo, sin lugar a dudas. Entiendo que mal sexo es el sexo que no quiero tener, en el que hay un momento en el que digo “Bah, preferiría estar haciendo otra cosa porque esto no va a ningún lado”. En el sexo tengo que estar contenta, feliz, disfrutando totalmente".

Jorge (40 años. Gay. Soltero). "Yo, para tener mal sexo, prefiero ver una peli. Claro que uno nunca va a saber si algo nuevo va a ser malo o bueno... así que al final te arriesgas y a veces acabas teniendo sexo regular, malo o buenísimo".

Rut (37 años. Heterosexual. Casada. Tiene un hijo). "No veo claro elegir entre las dos opciones, las dos me parecen malas, pero si tuviera que elegir diría que nada de sexo porque para mí el mal sexo lleva asociado falta de placer, de complicidad, de juego... y si eso se pierde lo mejor del tema. Además creo que un mal sexo a la larga, es decir, tener mal sexo prolongado en el tiempo, te deja más tocado que no tener sexo".

Fernando, 36 años. Gay. En pareja. Prefiero mal sexo que no sexo, la verdad. Cierto es que habría que definir mal sexo, pero en general, diría que prefiero malo a nada. A fin de cuentas el sexo, aunque sea malo, podría producir cierta liberación física mientras que el no sexo siento que me acabaría produciendo frustración.

César, 41 años. Heterosexual. Casado. Un hijo. "Depende mucho de qué entendamos por “mal sexo”. Hay situaciones que yo considero mal sexo en el sentido de que no es lo que idealmente elegiría, pero que aun así lo preferiría antes que no tener sexo. Por ejemplo, tener sexo con una desconocida que no me atrae especialmente no es lo que quiera o busque, pero lo prefiero a no tener nada de sexo".

Iván, 42 años. Heterosexual. En pareja. Dos hijos. "Tengo dos hijos y con lo complicado que es tener sexo, sinceramente lo primero que me sale es decir que prefiero mal sexo a nada de sexo: da igual que se tenga sueño, que haya prisa o que tenga que ser donde sea. Pero claro, es que eso en realidad no lo considero mal sexo siempre que haya predisposición por ambas partes. Mal sexo, mal sexo sería “por cumplir”, sin entusiasmo, con algún mal rollo (que hayamos discutido por algo antes, por ejemplo). Ése no lo quiero, la verdad, ni mucho ni poco".

Nada de sexo. Sonia, 34 años. Heterosexual. En pareja. Una hija. Yo prefiero nada de sexo, claramente. Cuando tengo mal sexo me frustro mucho e incluso me enfado. Para no disfrutar prefiero hacer otra cosa.

Juan Antonio, 39 años. Heterosexual. Casado. Dos hijos. Prefiero nada de sexo a mal sexo ya que no entiendo la relación sexual como algo valorable cuantitativamente (a pesar de que socialmente me da la sensación de que es así). Cuando voy a tener relaciones sexuales con alguien siempre intento disfrutar lo máximo posible de ese momento, por lo que si previamente veo que no voy a poder hacerlo por cualquier motivo, prefiero esperar a un momento donde pueda disfrutar y darlo todo. Para mí la complicidad con la otra persona, su disfrute, es esencial también, así que o buen sexo, o nada de sexo.

Cantidad o calidad: un modelo sexual obsoleto

El modelo sexual socialmente instaurado sigue vendiéndonos la idea de que los hombres “tienen ganas todo el tiempo” y las mujeres no, que para ellos el sexo es sexo y por tanto está bien siempre, mientras que nosotras necesitamos una serie de condiciones de componente emocional para disfrutarlo. Este modelo sigue poniendo en valor “el número” frente al disfrute.

Pero este modelo de sexualidad no solo no es cierto (las mujeres tienen deseo, y mucho; los hombres a veces no tienen ganas, ningunas...), sino que además es nocivo y a menudo conduce a trastornos sexuales: disfunción eréctil, problemas para llegar al orgasmo, etc.

Y ojo, no es que tener muchas parejas sexuales o practicar sexo muy a menudo sea negativo (esto lo depende de lo que cada uno quiera y le apetezca, faltaría más): es el cómo llegamos al sexo, los motivos, lo que condicionará la experiencia.

Si buscamos sexo “por engrosar nuestra lista” estaremos practicándolo por un motivo alejado del placer y esto a la larga puede tener consecuencias en el mismo: he visto en consulta a no pocos chicos de veintipocos sin deseo, aburridos del sexo precisamente por esto, por tenerlo como “algo que hay que hacer”, no buscando el placer, la diversión, el disfrute.

No hace falta que el sexo vaya ligado a intimidad, pero lo cierto es que, tal y como indican algunas de las personas que han contestado a nuestras preguntas, cuando ambas condiciones se dan, es la pera. Claro que también puede serlo sin afecto alguno, cuando es algo físico... pero “del bueno” (rellenar al gusto del lector qué entiende por “bueno”).

Como podemos ver hay respuestas dispares, pero en lo que casi todos coinciden es en la importancia de definir “mal sexo”, en lo que no coinciden muchos es precisamente en esa definición.

A pesar de no ser un estudio con rigor científico (ya nos gustaría poder hacerlo), las respuestas que hemos recogido dejan claro que hay opciones para todo: mujeres para las que el placer está por delante y hombres que no querrían mal sexo bajo ningún concepto, quien prefiere ver la tele a un sexo pichí-pichá y quien sin duda apagaría la tele aunque fuera para un rato de sexo regulero. Y tú, ¿qué prefieres?

¿Por qué buscamos a nuestros amantes en el trabajo?

 

Para echarnos un amante, ¿preferimos a alguien cercano, como un compañero de oficina, o un desconocido remoto? En este trabajo de Silvia C. Carpallo que publica el portal Yorokobu explica por qué a la hora de establecer una relación fuera de su pareja, las mujeres españolas lo hacen de forma mayoritaria con un compañero de trabajo.

El  33% de las mujeres españolas busca un amante en el lugar del trabajo, frente al 28% de las inglesas y el 27% de las italianas y alemanas, según un estudio sobre infidelidad femenina realizado por el Instituto Francés de Opinión Pública (IFOP) para la app de casados infieles Gleeden.

Aunque un menor número de españolas con respecto a otras europeas declaró haber llegado a tener sexo, sí que afirmaban haber tonteado o incluso haber practicado sexting a través de las redes o mensajes de texto más que el resto de europeas. En este caso, los receptores también eran conocidos, y muchas veces estas relaciones virtuales surgían en el entorno laboral.

Aunque el refranero español desaconseja las relaciones con compañeros de trabajo («Donde tengas la olla no metas la polla»), parece que poca gente tiende a hacerle caso. Más aún cuando se acercan las temidas cenas de empresa, donde las copas de más acaban causando estragos.

¿Por qué en el trabajo?

«Además de nuestro carácter más abierto y cercano, también debido a las horas de sol que disfrutamos con respecto al norte de Europa, tenemos horarios de trabajo más largos, poca conciliación, etcétera. En resumen, pasamos muchas horas en el trabajo y relacionándonos con la misma gente». Esta es la principal explicación que la sexóloga Emma Placer encuentra para el hecho de que el lugar de trabajo sea el entorno en el que surjan más atracciones sexuales.

No es España el único país donde las jornadas laborales son tan amplias. También ocurre en otros lugares como Asia. Sin embargo, la diferencia estriba en que, fuera de nuestras fronteras, los compañeros de trabajo no siempre son considerados amigos ni se comparte con ellos ciertas intimidades. Una cosa es salir a tomar unas copas de after work y otra, acabar contando allí la última discusión de pareja.

En cambio, en España, tendemos a estrechar muchos más vínculos con los compañeros. De acuerdo a un estudio realizado por LinkedIn, el 53,30% de los españoles encuestados pediría consejo sobre su pareja a un compañero de trabajo, respecto al 19,80% de las personas de otros países europeos.

Ese clima de confianza, de confidencias y de queja de la relación de pareja puede convertirse en un caldo de cultivo para acabar encontrando algo más que un hombro sobre el que llorar.

Pero hay un hecho más que apunta la sexóloga: «El ser humano se siente atraído por las personas que le resultan familiares, próximas, atractivas y que le son recíprocas. Una compañera o compañero de trabajo puede cumplir bastantes de estos requisitos y facilitar la aventura o relación sentimental o sexual».

Pros y contras

¿Tener un amante en el trabajo es la mejor de las ideas? Para Emma Placer, en estos entornos laborales «inevitablemente se generan relaciones de amistad, vínculos afectivos y de confianza; muy pocas veces es solo sexo», algo que puede verse como un pro o como un contra.

Si la idea es que no vaya a nada más y se quede solo en una cana al aire, la cosa puede complicarse, sobre todo si esa persona conoce en algún momento a la pareja oficial y hay resentimientos de por medio, o si directamente se descubre la aventura. Que el affaire haya sido con un desconocido al que no se va a ver nunca más no es lo mismo que con alguien con quien se comparten ocho horas cada día.

«Que sea conocida y que siga teniendo contacto con la persona no facilita que se refuerce la confianza del que se siente traicionado. Recuperarse de una infidelidad es más que posible, pero hace falta tiempo y poner distancia, justo algo que no se puede dar si compartes espacio de trabajo y horas en común con la persona en cuestión», apunta Emma Placer.

La sexóloga cree que no es lo mismo tener cierto tonteo con alguien de la oficina que pasar a mayores. «Los cuernos psíquicos, fantasear e imaginar son gratis y sanos. Otra cosa es hacer algo que no te gustaría que te hicieran a ti. Llegar a acuerdos con tu pareja, hablar del tema, es lo ideal en estos casos para evitar malestar y malentendidos». Porque si la relación es abierta, tener amantes en la oficina puede ser mucho más relajado.