La anorgasmia y sus causas más comunes

 

Iria Reguera en Tendencias

De sexualidad no se habla tanto cómo se debería, pero de trastornos que afectan a la sexualidad todavía menos. Esas cosas se siguen guardando para nosotros, y nos cuesta sacarlos de la habitación. Sin embargo, aunque no lo hablemos, la realidad es que alrededor de un 12% de las mujeres sufrimos en algún momento de nuestras vidas algún tipo de disfunción sexual, siendo uno de los más habituales la anorgasmia.

En realidad, la anorgasmia puede afectar también a los hombres, pero somos las mujeres quiénes más lo padecemos. Una vez escuché que los orgasmos son parecidos a los estornudos. La excitación que va en aumento sería el equivalente al picor que sentimos en nuestra nariz cuando estamos a punto de estornudar y el estornudo en sí es la liberación, igual que el orgasmo es la liberación de la excitación. La anorgasmia es el equivalente a sentir ese molesto picor en la nariz, pero no poder estornudar nunca.

A veces se confunde con el hecho de no tener deseo sexual o no poder sentir excitación, pero no es así. De hecho, las personas que padecen anorgasmia pueden sentir excitación -y mucha- pero tienen muchas dificultades para conseguir un orgasmo o, simplemente, no lo consiguen independientemente de la excitación previa. Esto puede ocurrir de manera puntual, pero para algunas personas supone una situación habitual, lo que puede ser considerado como una disfunción.

Existen diferentes subtipos de anorgasmia, que se clasifican en primaria, secundaria o situacional. En el caso de la primaria, la persona nunca ha podido tener un orgasmo. En el caso de la secundaria, la persona afectada habría podido tener orgasmos con anterioridad, pero después dejó de tenerlos. Cuando se trata de una anorgasmia situacional la afectada solo consigue tener orgasmos en circunstancias concretas.

La mayoría de las causas son psicológicas

La anorgasmia puedes estar provocada por causas físicas u orgánicas, como enfermedades como la diabetes o el Parkinson, por consumo de algunas sustancias o por problemas ginecológicos. Sin embargo, la mayoría de los casos de anorgasmia están provocados por causas psicológicas y es importante que las conozcamos, no solo para poder reconocerlas, sino también para poder ponerles solución.

 

  • Problemas de autoestima: la imagen corporal que cada una de nosotras tenemos resulta extremadamente importante a la hora de mantener relaciones sexuales y sentirnos cómodas con ellas. Una falta de autoestima, una imagen corporal negativa, o no sentirnos cómodas y felices en nuestra propia piel puede afectar a nuestra sexualidad, provocando que no estemos cómodas, que nos sintamos inseguras y que estemos preocupadas durante las relaciones. Esto puede derivar en problemas para conseguir disfrutar de las relaciones o alcanzar el orgasmo.
  • Problemas en la pareja: el estado de nuestra relación puede afectar a la calidad de nuestras relaciones sexuales. Para algunas personas, el que su relación tenga problemas fuera de la cama puede afectar a la vida sexual. También la falta de conexión o mala comunicación que afecte a que no seamos capaces de comunicarle a nuestra pareja lo que necesitamos.
  • Lagunas o baja educación sexual: en ocasiones, una mala educación sexual puede provocar que algunas de nosotras tengamos concepciones erróneas de las relaciones sexuales. El hecho de no conocer bien nuestro cuerpo, no saber qué prácticas sexuales son seguras o la efectividad y utilidad de los métodos anticonceptivos, puede generar tensión y miedo ante la posibilidad de tener un embarazo no deseado. Esa tensión puede provocar que las personas no sean capaces de alcanzar el orgasmo.
  • La influencia de factores culturales o sociales: por desgracia, la sociedad sigue influyendo en nuestra vida sexual mucho más de lo que nos gustaría. El placer femenino ha sido, por muchos años, tabú. No solo no se hablaba de él, ni se informaba sobre él, sino que incluso se veía con malos ojos o se negaba. Actualmente, estamos trabajando para dejar atrás esa situación y empoderar a las mujeres en el disfrute de su propio cuerpo y placer. Sin embargo, no todas las mujeres están todavía en ese punto y algunas pueden sentir vergüenza o culpa hacía su sexualidad, que resulte en problemas como la anorgasmia.

Buscar ayuda profesional

Si creemos que estamos padeciendo este problema, lo más importante es saber que no es nada de lo que avergonzarse y puede tratarse con la ayuda adecuada. Nuestro médico evaluará si se trata de un problema físico o psicológico y podrá recomendarnos el tratamiento más adecuado para nosotras.

En el caso de que se deba a causas psicológicas, un profesional de la psicología o sexólogo podrá darnos las herramientas necesarias, y trabajar con nosotras las causas subyacentes que están impidiendo que disfrutemos de nuestra sexualidad plenamente. Todas tenemos derecho a disfrutar de nuestro cuerpo y de nuestra vida íntima y buscar la ayuda necesaria nos ayudará a conseguirlo.

Aclarando dudas

 

No consigo llegar al orgasmo con mi pareja, ¿es porque me masturbo mucho?

Mamen Jiménez en Tendencias (1-03-2020)

Cuando me masturbo suelo llegar al orgasmo casi siempre, pero cuando estoy con mi pareja rara vez lo consigo. ¿Será que me he acostumbrado a hacerlo sola y por eso no puedo con otra persona? ¿Me estaré masturbando demasiado? Si te sientes identificada con algo de esto sigue leyendo, porque no, no eres la única... y no, que te masturbes no tiene nada que ver con las dificultades para alcanzar el orgasmo en pareja.

Estas dos preguntas las he escuchado no pocas veces en consulta y fuera de ella... Así que insisto: si es tu caso, debes saber que no eres la única a la que le cuesta infinitamente más llegar al orgasmo en pareja que cuando se masturba: es algo que pasa a muchas mujeres y hombres, así lo confirma, concretamente en el caso de las chicas, un estudio publicado en el Journal of Sexual Medicine en 2018.

Los motivos

¿Cómo te sientes acerca de masturbarte? ¿Estás completamente cómoda con ello o hay un regustillo amargo al final?

¿Por qué te pregunto esto? Socialmente la masturbación femenina sigue siendo un tanto tabú y algo “impropio”, algo que una chica con pareja “no debería necesitar” (sí, seguimos escuchando estas cosas aunque no te lo creas), de manera que muchas a pesar de disfrutarlo y de hacerlo, luego no se sienten del todo bien o se cuestionan si deberían dejar de hacerlo.

Esto suele hacerse más patente, claro, cuando además encontramos dificultades para alcanzar el orgasmo en pareja, porque viene, entre comillas, a confirmar esas “ideas” acerca de la masturbación femenina. Pero no, que disfrutes de tu cuerpo y que lo hagas las veces que te dé la gana no es lo que hace que el orgasmo te sea esquivo en pareja.

¿Cuáles son entonces los motivos?

No hay un motivo único y universal, en cada caso es posible encontrar una combinación de varios factores. Estos son algunos de ellos:

Hay otra persona: esto, que parece de perogrullo, es algo a tener en cuenta, porque no es lo mismo tú solita, que tener al lado a alguien que respira, que te toca (a su ritmo, con sus manos)... para lo bueno, y para lo malo. Cuando te masturbas tú tienes el control de TODA la situación, de TODO lo que en ella sucede, y claro, en pareja no.

Cuando te masturbas estás totalmente concentrada en el placer, ya sea en lo que sientes, en lo que piensas o en lo que estás viendo (si es que te masturbas viendo porno, por ejemplo). Pero con otra persona los factores sobre los que posar nuestra atención se multiplican, y con ellos nuestra distracción.

Si pensamos que sí o sí hay que llegar al orgasmo, que además ha de llegar durante la penetración y, a poder ser, los dos al mismo tiempo, vamos a estar más pendientes del cómo y del cuándo que del placer, lo que hará que sea mucho más difícil tener un orgasmo. En estos casos pueden invadirte pensamientos del tipo “A ver si llega”, y ese pensamiento lo único que hace es alejarlo.

¿Cuánta es la estimulación necesaria para llegar al orgasmo? ¿Cuánto debe durar? Evidentemente no hay una sola respuesta para esta pregunta, dependerá de lo que tú necesites, y eso pueden ser 2 minutos... o 20. Muchas parejas (ellos y ellas) creen que con unos pocos minutos es más que suficiente, pero algunas mujeres al hacerlo con otra persona necesitan más tiempo, ¡y es de lo más normal!

Coito, coito, coito. Si nos limitamos al coito, o dedicamos una cantidad de tiempo mínima a “todo lo demás” (no lo llamemos previos, porque no lo son), estaremos perdiendo una estimulación maravillosa que seguro nos acerca al orgasmo (o nos lo pone en bandeja).

Control: a veces nos cuesta “dejarnos llevar”, y al no estar relajadas del todo con otra persona el orgasmo se resiste. Reflexiona: ¿te preocupa que tu pareja piense algo negativo si te dejas llevar? ¿Qué temes que pueda pasar? ¿Hay algo que te avergüence?

No, no eres la única persona que llora tras el orgasmo. Y no, no es necesariamente por amor

No es un motivo: a veces pensamos que quizá esto se deba a que hay un problema en la pareja, pero no necesariamente esto es así. Si crees que es tu caso, reflexiona acerca de ello, ¿crees que podría ser cierto? De ser así, piensa en qué factores de tu relación podrían mejorarse, qué necesitas, qué hay que cambiar y habla con tu pareja (siempre podéis acudir a un terapeuta de pareja que os ayude en el camino).

¿Hay algo que pueda hacer?

Cuando hay dificultades para alcanzar el orgasmo, los sexólogos nos apresuramos a recomendar pasar tiempo “jugando a solas”, entre otras cosas, pero como tú ya lo haces, y te va genial, prueba con estos otros consejos:

Concéntrate en lo que estás sintiendo, no es si viene o no viene, porque entonces te estarás saliendo de la escena y observándola desde fuera, lo que lleva en la mayor parte de los casos a no llegar al orgasmo.

Déjate llevar: no intentes controlarte, ni medir tus movimientos, palabras o gemidos... haz lo que te pida el cuerpo, que es precisamente para lo que “hemos venido”, ¿no? A veces tenemos “perder el control” o quedar expuestas, y en cierta forma eso hace que no nos abandonemos al placer. ¡Pues ahora a soltarse!

Date tiempo: esta es quizá una de las variables más decisivas pero que al mismo tiempo más cuesta. Como decía antes, evidentemente no es lo mismo hacerlo sola que con otra persona, que se mueve, que te toca... que no eres tú y tu concentración total. Muchas mujeres que no lograban el orgasmo en pareja consiguen tenerlo cuando dejan de estar pendientes del tiempo que llevan, cuando sus parejas no las presionan “porque ya llevan mucho rato” (esto lo he escuchado en consulta, tal cual)... Para que te hagas una idea, el estudio que mencionaba al inicio de este artículo, el del Journal of Sexual Medicine, indica que de media, las mujeres que participaron tardaban unos 8 minutos en llegar al orgasmo cuando se masturbaban, frente a los 14 cuando era en pareja.

 

Prueba cosas: a veces lo que a ti te funciona a las mil maravillas estando sola no es efectivo con otra persona, pero si hay algo maravilloso en el sexo (a parte del sexo en sí mismo, que es lo más) es la posibilidad de explorar, de jugar, de probar, etc. Quizá nunca lo imaginaste ni era algo con lo que fantaseabas, pero resulta que en cuanto probaste a... fue infalible.

El clítoris es nuestro amigo: su estimulación garantiza excitación, así que tú, tu pareja, con un balín vibrador, con un anillo, con la lengua, con la mano, con lo que se te ocurra... * Durante el coito probad posturas en las que ambos, o al menos uno de los dos, tengáis acceso a tu clítoris, ¡y a estimularlo!

Lubricante: para estimularte el clítoris y/o para la penetración un poco de lubricante puede suponer la diferencia.

Incorpora la masturbación (ya que es infalible) a tus relaciones de pareja: puedes masturbarte delante de tu pareja si es que es algo con lo que os sentís cómodos, o puedes enseñarle cómo te gusta de manera específica... o podéis hacerlo los dos a la vez (masturbarte, digo).

Cuando te masturbes, prueba de diferentes formas: es cierto que en esto de masturbarse los humanos solemos ser muy “sota, caballo, rey” y tendemos a hacer “lo que funciona”. Probar nuevas formas tú sola, relajada y tranquila puede ser una buena forma de reorientar tu placer de cara a relaciones sexuales con otra persona.

No, no te pasa nada malo, así que, que nadie te intente convencer de lo contrario. Disfruta del sexo, sola o acompañada, haz lo que te apetezca, lo que te pida el cuerpo, pide lo que quieras, déjate llevar... y oye, si al final no llega el orgasmo, ¡que te quiten lo bailao!

Sitios para hacer el amor fuera del hogar y huir de la monotonía

Marta Díaz de Santos –Tendencias (21-02-2020)

Todas las parejas tienen tres vértices y el tercero es, en la mayor parte de las ocasiones, la monotonía. Hay que vivir con ella como un equilibrista sujeta su barra… Se trata de dar pasos cortos, no mirar al vacío y seguir hacia delante.

Cuando la monotonía llama a tu puerta hay que tener mucho cuidado porque, a poco que te descuides, se meterá en tu cocina, se comerá tu comida, se sentará en tu sofá preferido y dormirá en tu lado de la cama.

Para evitar que seas una más en la larga lista de las víctimas de tan implacable ‘parásito’, te recomendamos una serie de lugares donde recuperar sensaciones que permanecían guardadas en el cajón de los calcetines a remendar:

En un 4x4 con cristales tintados en Madrid Central

Saber que miles de desconocidos están pasando a centímetros de vosotros y que nadie puede siquiera intuíros será una sensación inolvidable. Sólo habrá dos maneras de ser descubiertos: por el ruido y el movimiento del coche.

En los probadores, por supuesto vigilados, de una tienda de lujo en la milla de oro de la capital

La excitación será máxima y el riesgo a ser cazados con las manos en la masa hará que recuperéis todas vuestras ganas.

Como buenos ‘amantes pasajeros': en los baños de un avión

Muy de película. Y si no que se lo pregunten a Asthon Kutcher y Amanda Pett, que dieron rienda suelta a la pasión en ‘El amor es lo que tiene’ con esa escena en la que todo comienza cuando ella llama a la puerta de la cabina del servicio en pleno vuelo.

En las alturas

En un ascensor exterior de un rascacielos, en un teleférico o una cabina de estación de esquí. En los tres casos sentirás que en el momento del clímax eres capaz de volar.

En un túnel de lavado

Y recuerda pagar el modo abrillantado… ¡tendrás tres minutos extra!

En un maratón de cine

En el que se revise la filmografía de Coppola, empezando por ‘El Padrino’, antes de que muera el patriarca. Tu cara denotará máxima felicidad.

En el mar

Para ello, evita los corrientes y zonas de pesca con arpón, para evitar posibles confusiones.

En el trabajo

Utiliza la excusa perfecta para visitar a esa persona y cerciórate de que encontráis un despacho con pestillo en el que discutir ese tema que no puede hacerse esperar. Es posible que necesitéis volver a estudiarlo detenidamente por segunda vez con más detenimiento.

En el tanatorio

Para los más irreverentes será difícil dejar pasar la oportunidad de hacerlo en un tanatorio. Será el mejor responso que se le podrá dedicar al finado.

Y para terminar...

Ten en cuenta que realmente no es necesario salir de casa para volver a encender la llama. Basta con recordar todo lo bueno que ha tenido esa relación.

¿Sexo malo, o mejor no sexo?

 

Un trabajo de Mamen Jiménez en Tendencias.com (26-12-2019)

Muchos aún piensan que, en general, el ser humano prefiere, en cuanto a sexo se refiere, la cantidad a la calidad: "cuanto más mejor, sea como sea". ¿Será así? Veamos qué dicen al respecto doce hombres y mujeres a los que hemos pedido su opinión  a la pregunta "Si tuvieras que elegir, ¿qué prefieres, mal sexo o nada de sexo?"

Sandra (40 años. Heterosexual. Divorciada, con dos hijos). "Ante la posibilidad de sexo malo, entendiendo por éste uno que no me satisface, prefiero nada de sexo. Claramente. Prefiero satisfacerme yo misma".

Anabel (30 años. Heterosexual. En pareja. Sin hijos). "Si es malo, prefiero no tenerlo. Pero también es verdad que no considero bueno o malo solo por el placer físico: quiero decir, si hay sentimientos, amor, intimidad, lo preferiría aunque a nivel físico no sea el más placentero del mundo".

Claudia, 35 años. Heterosexual. En pareja. Dos hijos. Yo prefiero mal sexo a nada de sexo, porque aunque no sea bueno de tirar cohetes al menos hay cariñitos, toqueteos varios, caricias... ¡Mejor eso que ver la tele! Y aunque no “toques el cielo con las manos” es una forma la mar de entretenida de pasar el rato.

Amelia (31 años. Heterosexual. Tiene una relación abierta). "No sexo a mal sexo, sin lugar a dudas. Entiendo que mal sexo es el sexo que no quiero tener, en el que hay un momento en el que digo “Bah, preferiría estar haciendo otra cosa porque esto no va a ningún lado”. En el sexo tengo que estar contenta, feliz, disfrutando totalmente".

Jorge (40 años. Gay. Soltero). "Yo, para tener mal sexo, prefiero ver una peli. Claro que uno nunca va a saber si algo nuevo va a ser malo o bueno... así que al final te arriesgas y a veces acabas teniendo sexo regular, malo o buenísimo".

Rut (37 años. Heterosexual. Casada. Tiene un hijo). "No veo claro elegir entre las dos opciones, las dos me parecen malas, pero si tuviera que elegir diría que nada de sexo porque para mí el mal sexo lleva asociado falta de placer, de complicidad, de juego... y si eso se pierde lo mejor del tema. Además creo que un mal sexo a la larga, es decir, tener mal sexo prolongado en el tiempo, te deja más tocado que no tener sexo".

Fernando, 36 años. Gay. En pareja. Prefiero mal sexo que no sexo, la verdad. Cierto es que habría que definir mal sexo, pero en general, diría que prefiero malo a nada. A fin de cuentas el sexo, aunque sea malo, podría producir cierta liberación física mientras que el no sexo siento que me acabaría produciendo frustración.

César, 41 años. Heterosexual. Casado. Un hijo. "Depende mucho de qué entendamos por “mal sexo”. Hay situaciones que yo considero mal sexo en el sentido de que no es lo que idealmente elegiría, pero que aun así lo preferiría antes que no tener sexo. Por ejemplo, tener sexo con una desconocida que no me atrae especialmente no es lo que quiera o busque, pero lo prefiero a no tener nada de sexo".

Iván, 42 años. Heterosexual. En pareja. Dos hijos. "Tengo dos hijos y con lo complicado que es tener sexo, sinceramente lo primero que me sale es decir que prefiero mal sexo a nada de sexo: da igual que se tenga sueño, que haya prisa o que tenga que ser donde sea. Pero claro, es que eso en realidad no lo considero mal sexo siempre que haya predisposición por ambas partes. Mal sexo, mal sexo sería “por cumplir”, sin entusiasmo, con algún mal rollo (que hayamos discutido por algo antes, por ejemplo). Ése no lo quiero, la verdad, ni mucho ni poco".

Nada de sexo. Sonia, 34 años. Heterosexual. En pareja. Una hija. Yo prefiero nada de sexo, claramente. Cuando tengo mal sexo me frustro mucho e incluso me enfado. Para no disfrutar prefiero hacer otra cosa.

Juan Antonio, 39 años. Heterosexual. Casado. Dos hijos. Prefiero nada de sexo a mal sexo ya que no entiendo la relación sexual como algo valorable cuantitativamente (a pesar de que socialmente me da la sensación de que es así). Cuando voy a tener relaciones sexuales con alguien siempre intento disfrutar lo máximo posible de ese momento, por lo que si previamente veo que no voy a poder hacerlo por cualquier motivo, prefiero esperar a un momento donde pueda disfrutar y darlo todo. Para mí la complicidad con la otra persona, su disfrute, es esencial también, así que o buen sexo, o nada de sexo.

Cantidad o calidad: un modelo sexual obsoleto

El modelo sexual socialmente instaurado sigue vendiéndonos la idea de que los hombres “tienen ganas todo el tiempo” y las mujeres no, que para ellos el sexo es sexo y por tanto está bien siempre, mientras que nosotras necesitamos una serie de condiciones de componente emocional para disfrutarlo. Este modelo sigue poniendo en valor “el número” frente al disfrute.

Pero este modelo de sexualidad no solo no es cierto (las mujeres tienen deseo, y mucho; los hombres a veces no tienen ganas, ningunas...), sino que además es nocivo y a menudo conduce a trastornos sexuales: disfunción eréctil, problemas para llegar al orgasmo, etc.

Y ojo, no es que tener muchas parejas sexuales o practicar sexo muy a menudo sea negativo (esto lo depende de lo que cada uno quiera y le apetezca, faltaría más): es el cómo llegamos al sexo, los motivos, lo que condicionará la experiencia.

Si buscamos sexo “por engrosar nuestra lista” estaremos practicándolo por un motivo alejado del placer y esto a la larga puede tener consecuencias en el mismo: he visto en consulta a no pocos chicos de veintipocos sin deseo, aburridos del sexo precisamente por esto, por tenerlo como “algo que hay que hacer”, no buscando el placer, la diversión, el disfrute.

No hace falta que el sexo vaya ligado a intimidad, pero lo cierto es que, tal y como indican algunas de las personas que han contestado a nuestras preguntas, cuando ambas condiciones se dan, es la pera. Claro que también puede serlo sin afecto alguno, cuando es algo físico... pero “del bueno” (rellenar al gusto del lector qué entiende por “bueno”).

Como podemos ver hay respuestas dispares, pero en lo que casi todos coinciden es en la importancia de definir “mal sexo”, en lo que no coinciden muchos es precisamente en esa definición.

A pesar de no ser un estudio con rigor científico (ya nos gustaría poder hacerlo), las respuestas que hemos recogido dejan claro que hay opciones para todo: mujeres para las que el placer está por delante y hombres que no querrían mal sexo bajo ningún concepto, quien prefiere ver la tele a un sexo pichí-pichá y quien sin duda apagaría la tele aunque fuera para un rato de sexo regulero. Y tú, ¿qué prefieres?

¿Por qué buscamos a nuestros amantes en el trabajo?

 

Para echarnos un amante, ¿preferimos a alguien cercano, como un compañero de oficina, o un desconocido remoto? En este trabajo de Silvia C. Carpallo que publica el portal Yorokobu explica por qué a la hora de establecer una relación fuera de su pareja, las mujeres españolas lo hacen de forma mayoritaria con un compañero de trabajo.

El  33% de las mujeres españolas busca un amante en el lugar del trabajo, frente al 28% de las inglesas y el 27% de las italianas y alemanas, según un estudio sobre infidelidad femenina realizado por el Instituto Francés de Opinión Pública (IFOP) para la app de casados infieles Gleeden.

Aunque un menor número de españolas con respecto a otras europeas declaró haber llegado a tener sexo, sí que afirmaban haber tonteado o incluso haber practicado sexting a través de las redes o mensajes de texto más que el resto de europeas. En este caso, los receptores también eran conocidos, y muchas veces estas relaciones virtuales surgían en el entorno laboral.

Aunque el refranero español desaconseja las relaciones con compañeros de trabajo («Donde tengas la olla no metas la polla»), parece que poca gente tiende a hacerle caso. Más aún cuando se acercan las temidas cenas de empresa, donde las copas de más acaban causando estragos.

¿Por qué en el trabajo?

«Además de nuestro carácter más abierto y cercano, también debido a las horas de sol que disfrutamos con respecto al norte de Europa, tenemos horarios de trabajo más largos, poca conciliación, etcétera. En resumen, pasamos muchas horas en el trabajo y relacionándonos con la misma gente». Esta es la principal explicación que la sexóloga Emma Placer encuentra para el hecho de que el lugar de trabajo sea el entorno en el que surjan más atracciones sexuales.

No es España el único país donde las jornadas laborales son tan amplias. También ocurre en otros lugares como Asia. Sin embargo, la diferencia estriba en que, fuera de nuestras fronteras, los compañeros de trabajo no siempre son considerados amigos ni se comparte con ellos ciertas intimidades. Una cosa es salir a tomar unas copas de after work y otra, acabar contando allí la última discusión de pareja.

En cambio, en España, tendemos a estrechar muchos más vínculos con los compañeros. De acuerdo a un estudio realizado por LinkedIn, el 53,30% de los españoles encuestados pediría consejo sobre su pareja a un compañero de trabajo, respecto al 19,80% de las personas de otros países europeos.

Ese clima de confianza, de confidencias y de queja de la relación de pareja puede convertirse en un caldo de cultivo para acabar encontrando algo más que un hombro sobre el que llorar.

Pero hay un hecho más que apunta la sexóloga: «El ser humano se siente atraído por las personas que le resultan familiares, próximas, atractivas y que le son recíprocas. Una compañera o compañero de trabajo puede cumplir bastantes de estos requisitos y facilitar la aventura o relación sentimental o sexual».

Pros y contras

¿Tener un amante en el trabajo es la mejor de las ideas? Para Emma Placer, en estos entornos laborales «inevitablemente se generan relaciones de amistad, vínculos afectivos y de confianza; muy pocas veces es solo sexo», algo que puede verse como un pro o como un contra.

Si la idea es que no vaya a nada más y se quede solo en una cana al aire, la cosa puede complicarse, sobre todo si esa persona conoce en algún momento a la pareja oficial y hay resentimientos de por medio, o si directamente se descubre la aventura. Que el affaire haya sido con un desconocido al que no se va a ver nunca más no es lo mismo que con alguien con quien se comparten ocho horas cada día.

«Que sea conocida y que siga teniendo contacto con la persona no facilita que se refuerce la confianza del que se siente traicionado. Recuperarse de una infidelidad es más que posible, pero hace falta tiempo y poner distancia, justo algo que no se puede dar si compartes espacio de trabajo y horas en común con la persona en cuestión», apunta Emma Placer.

La sexóloga cree que no es lo mismo tener cierto tonteo con alguien de la oficina que pasar a mayores. «Los cuernos psíquicos, fantasear e imaginar son gratis y sanos. Otra cosa es hacer algo que no te gustaría que te hicieran a ti. Llegar a acuerdos con tu pareja, hablar del tema, es lo ideal en estos casos para evitar malestar y malentendidos». Porque si la relación es abierta, tener amantes en la oficina puede ser mucho más relajado.