Pintura

Edward Hopper, el pintor de la alienación

Por Galo Martin en yorokobu.es

No es que sean solitarios, es que los personajes que pintó Edward Hopper están solos. Incluso es posible que simplemente estén, en el sentido existencial de la palabra. Tipos que el pintor estadounidense prefirió que en sus cuadros quedasen al margen de ese mundo en construcción que los alienaba. Ese ignorar deliberado respecto del progreso de la época se suma al hecho de que las escenas neoyorquinas que pintó son más provincianas que de una gran urbe.

Se sabe que muchos de sus cuadros están ambientados en Nueva York, aunque él hace que luzca como si fuera una apagada y vacía ciudad del interior de los Estados Unidos. Él, que vivía en Washington Square, en la isla de Manhattan, salvo en verano, que lo hacía en su casa de la península de Cape Cod (Nueva Inglaterra, en la costa noreste) junto a su mujer, pintaba lo que anhelaba más que lo estaba viviendo. Un mundo con una joven historia que se estaba levantando a crédito y especulando entre dos guerras mundiales. La Gran Depresión que tuvo lugar como consecuencia del crac de 1929 no hizo que Hopper pintara un cuadro que pasara a la historia como sí lo hizo John Steinbeck con su novela Las uvas de la ira (1940)

El punto de inflexión en la carrera de Edward Hopper fue 1925, cuando dejó su trabajo como ilustrador comercial de la revista Hotel Management, en la que se inventaba o componía las cubiertas de la misma, y empezó a pintar y a vender sus óleos y acuarelas, hoy más reconocibles que famosos. Unas pinturas aparentemente sencillas que expresan ideas complejas sobre la naturaleza humana por medio de detalles aislados y fuera del foco de la realidad del momento.

Más que representar el mundo exactamente como se veía, Hopper congelaba un sentimiento o un estado de ánimo

Más que representar el mundo exactamente como se veía, Hopper congelaba un sentimiento o un estado de ánimo. Pintar ese instante, esa pausa, le llevaba mucho tiempo, por eso su producción artística es relativamente escasa, en comparación con la prolífica escritora Corín Tellado.

Fue un pintor de ejecución lenta y larga. Las escenas que pintaba se gestionaban en su mente y surgían de una emoción. El resultado son unas enigmáticas pinturas que funcionan como si fueran fotogramas de las películas de Wong Kar-wai. Pinceladas que esconden ambiguos y vaporosos relatos sobre la soledad, la eterna espera de algo que parece que no vaya a ocurrir salvo en la imaginación de los retratados y el recuerdo de un instante que es posible que ni siquiera tuviera lugar. Escenas recreadas por unos personajes que no respiran, suspiran resignados en soledad o en compañía de otros entre los que no hay comunicación.

Hopper no pinta multitudes. Los personajes que pintó en todos sus cuadros son menos de los que hay en La rendición de Breda. Del mismo modo que hay muchísimos más cuadros de Diego Velázquez en España que de Edward Hopper. De este último hay tres y están en el Museo Thyssen Bornemisza de Madrid. Muchacha cosiendo a máquina (1921) y Habitación de hotel (1931) se exhiben en una sala del mismo, y Árbol seco y vista lateral de la casa Lombard (1931), se guarda en el almacén, un lugar tan ordenado como limpio, y que al descubrirlo Alba Campo Rosillo, con una beca de la Terra Foundation Fellow de Arte Americano en el Museo Thyssen Bornemisza, lo hace con tanta delicadeza que parece tener miedo de romper las ramas de ese árbol que se aprecia en esta acuarela sobre papel de gran tamaño y que tanto recuerda a los que pintó Vincent van Gogh influido por los grabados japoneses ukiyo e.

La casa que da nombre al cuadro se encuentra en la península de Cape Cod. Hopper la pintó desde diferentes ángulos, tantos que, de haberlo querido, pudo haber hecho una serie tipo las Treinta y seis vistas del monte Fuji de Katsushika Hokusai. Sí, el autor de La gran ola de Kanagawa.

 

Alba Campo Rosillo: «En los cuadros de Edward Hopper la vida hay que buscarla»

Sin tocar el cristal del cuadro, Alba recorre con el dedo los trazos a lápiz que pintó Hopper y sobre los que después aplicó color por medio de las acuarelas. Las sombras proyectadas por los salientes arquitectónicos le encantaban y las aprovechó para crear tensión e insuflar dramatismo al cuadro. Cuadro en el que se intuye que la casa está habitada, pero en el que no se ve a nadie. Alba dice que en los cuadros de Edward Hopper la vida hay que buscarla.

El tratamiento cinematográfico de las escenas y el personal uso de la luz son dos rasgos diferenciadores de su geométrica pintura y razones por las que cualquier persona que contemple la obra de Hopper la puede disfrutar y sentirse identificado, independientemente de su formación artística y sensibilidad. Formación y conocimiento que sí tenía este pintor, al que le interesó mucho la obra de Edgar Degas y de Édouard Manet, y que, además de plasmarlo en sus cuadros, se valió de ese bagaje cultural para crear un nuevo arte de vanguardia estadounidense desvinculado del europeo, autóctono y con un lenguaje propio.

Obsesión que compartió, de manera individual, con otros artistas de las décadas de los años 20 y 30 del siglo pasado de aquella gran y nueva nación, como Georgia O´Keeffe (de la que hay una exposición en el Thyssen hasta el mes de agosto). Obsesión, la de crear un nuevo arte americano sin raíces europeas, que comenzó a trabajarla después de un viaje por Europa y de vivir en París. Era cuestión de tiempo que Nueva York le robase a París la capitalidad de la vanguardia.

En 1910, Edward Hopper regresó a los Estados Unidos y se dio cuenta de que le interesaban más los lugares inspiradores que los bonitos. Lugares que para él eran silenciosos y vacíos. Lugares públicos como restaurantes, bares, habitaciones y salas de hoteles, moteles, casas de huéspedes, gasolineras, además de faros y residencias propiedad de capitanes de barco, tipo las de Cape Cod. Lugares de los que se valió para subrayar, por medio de fuertes contrastes de luces y sombras, la soledad, la espera de algo que quizá ya no vaya a volver y la alienación de sus personajes en la gran ciudad.

Gran ciudad a la que a Edward Hopper le gustaba adentrarse subido en un tren por la mezcla de miedo y ansiedad que le provocaba. A partir del recuerdo de esa experiencia es posible que pintara House by the Railroad (1925), casa que Alfred Hitchock copió al detalle para su película Psicosis. A los trenes hay que sumar los coches y los barcos.

Los medios de transporte le interesaban tanto como el movimiento y la vida norteamericana. Escenas ordinarias que convirtió en retratos de la belleza en los que no hay escala ni proporcionalidad. Con muy poco construye un relato narrativo muy rico, ambiguo, atemporal y universal. Un relato que atrae tanto como inquieta. Hopper, por medio de puertas, ventanas, escaparates y porches, enmarca a sus sombríos y perfectamente iluminados personajes de sus escenas. Personajes que ven lo que los espectadores del cuadro solo pueden imaginarse. Personajes abstraídos y observados por un voyeur, Hopper y el espectador que contempla el cuadro, que muchas veces son mujeres. Mujeres independientes que en numerosas ocasiones tienen el cuerpo y el rostro de su esposa, Josephine ‘Jo’ Nivison.

Jo es esa mujer que hay sentada en la cama en el cuadro Habitación de hotel, un óleo sobre lienzo de 152,4 x 165,7 centímetros. Es una pintura en la que hay una implicación muy grande entre el espectador y la mujer pintada.  Mujer que se sabe, por sus diarios transcritos, pero no publicados, que está leyendo un folleto con los horarios de los trenes. A pesar de saber la identidad de la mujer y qué está leyendo, Habitación de hotel es un cuadro muy enigmático. Un cuadro ambientado de noche e iluminado con una luz muy desangelada.

Dice Alba Campo Rosillo que a Hopper le gustaba pintar ese tipo de luces blancas a modo de experimento artístico para ver cómo reaccionaban los colores de alrededor. Es una luz eléctrica de bombilla que se refleja en la espalda de la mujer, lo que provoca las sombras que se pueden apreciar y que añaden dramatismo a la pintura.

En este cuadro, como en el resto, Hopper juega con la arquitectura y la geometría. Las líneas verticales que hay crean una sensación de paz, calma y silencio, atmósfera que rompe por medio de la diagonal de la cama en el centro de la escena, creando ritmo y movimiento. Elementos compositivos que Hopper emplea para jugar con el ojo y sugerir ciertas ideas al espectador. Y este, probablemente, reconozca cierta similitud con El dormitorio en Arlés de Vincent van Gogh. Otra vez, Van Gogh.

Además de posar para su marido, Jo también era pintora y se encargó de registrar toda la obra de Edward Hopper. Eran pareja y muy diferentes el uno del otro. A Alba no le gusta dar mucha carga psicológica a la obra con relación a su autor, pero reconoce que en el caso de Edward Hopper sus cuadros cuentan cómo era él. No era una persona fácil de tratar, también era huraño, reservado y austero. Sobre todo, cuando tenía que pagar él los hoteles en los que se alojaba. Si le invitaban, por el contrario, le gustaba alojarse en hoteles caros. Cuando no pintaba parecía estar retraído e incómodo, responder a las preguntas de los periodistas le aburría, por eso no concedió muchas entrevistas a lo largo de su vida. Jo, en cambio, era conversadora y muy social.

Juntos viajaron por el país y ella lo registró todo en los diarios ya mencionados. El libro Edward Hopper and the American Hotel, de Leo G. Mazow y Sarah G. Powers, publicado por Virginia Museum Fine Arts y distribuido por Yale University Press (New Haven and London), incluye dos mapas con los recorridos que realizó esta pareja de pintores, de Nueva York a California y de Nueva York a México, vía El Paso (Texas), además de las notas que tomó Jo sobre estos viajes. Ella era la encargada de organizar la ruta a seguir y Edward, el que conducía el Buick en el que viajaban. En ese coche siempre llevaba su material de trabajo para poder pintar dónde y cuándo fuera. Para pintar esos cuadros en los que rescata estilos del pasado a los que da un enfoque moderno.

Hopper es un artista que creo a partir de su contemporaneidad. Un creador de imágenes sutiles que pintó lo que vio a simple vista e imaginó que podía estar viendo.

 

La Cueva de Altamira en trance

Un estudio de la Universidad de Tel Aviv revela que el arte rupestre habría sido hecho bajo efectos alucinógenos

Por Marta Méndez en Elindependfiente.com

«Después de Altamira, todo es decadencia», decía Picasso, apasionado confeso de lo primitivo y admirador de la inocencia artística de aquellos que se lanzaron a pintar fauna. Inocencia, alucinación o consciencia, se cuestiona ahora.

Y es que una investigación de la Universidad de Tel Aviv, publicada en The Journal of Archaeology, Consciousness and Culture, sugiere que la mayor y más temprana representación de creatividad humana fue fruto de un estado alterado de la conciencia de los artistas o, lo que es lo mismo, de trances alucinógenos.

Los científicos autores de la investigación, Yafit Kedar, Gil Kedar y Ran Barkai, sostienen que los hombres que pintaron las cavernas en el Paleolítico Superior lo hacían sumergidos en fantasía, y no por haberse drogado deliberadamente con alguna sustancia psicotrópica, sino por hacer uso del fuego.

El exceso de dopamina se asocia con experiencias cercanas a la muerte, que involucran a su vez, experiencias extracorpóreas tales como mudarse a otros mundos»

El mismo fuego que utilizaban para ver lo que tenían delante, parece ser que les impedía ver las cosas tal como eran. Las antorchas con las que iluminaban los estrechos y ahogados pasillos de las cuevas, reducían el porcentaje de oxígeno del ambiente hasta un 11%, provocando hipoxia, y con ello, una perturbación sensitiva.

«La hipoxia afecta los tejidos nerviosos particularmente en la corteza frontal y el hemisferio derecho del cerebro, áreas que se cree, están relacionadas con la creatividad asociada con las emociones. La hipoxia causa cambios fisiológicos o de comportamiento, como somnolencia, euforia, errores de juicio y pérdida de la autocrítica» dicen en la investigación. Además, la deficiencia de oxígeno, pasa también por la liberación de dopamina en el cerebro, que produce alucinaciones y experiencias extracorporales como flotar, volar o sentirse en otros mundos.

En otros mundos ergo el inframundo o mundo superior. Porque el estudio recalca la idea de que los autores de las pinturas buscaban deliberadamente ese exceso de dopamina. Kedar, principal autor de la investigación, sostiene que las sociedades primitivas pudieron haber encontrado en esa sensación sobrenatural y consciente, su relación con el cosmos y el más allá: «Al interpretar el uso de cuevas profundas como la de Altamira, debemos considerar cómo esos primeros humanos pudieron haber concebido huecos subterráneos en el suelo o dentro de montañas como parte de su cosmología mundial. Para muchas cosmologías indígenas pasadas y presentes, el universo está dividido en tres niveles, que consisten en el inframundo, el mundo del ‘aquí y ahora’, y el de arriba o mundo superior» y añade, «no fue la decoración lo que hizo que las cuevas fueran significativas, sino todo lo contrario: la importancia de las cuevas elegidas, fue el motivo de su decoración».

La conocida como ‘capilla sixtina’ del arte rupestre, en Cantabria, ha sido objeto de esta investigación junto con otras cuevas como la de Rouffignac, en Francia. En todas ellas, se han realizado simulaciones virtuales que han detectado que, en algunos sectores de las cuevas, la densidad del oxígeno varía. Cuanto más corto y estrecho es el lugar, menos oxígenos hay en él.

En este sentido, y tomando la casualidad (o no) de que las mayores obras de arte rupestre se encuentran en los espacios más angostos de esas cuevas, los investigadores concluyen: «entrar en estas profundas y oscuras cuevas fue una elección consciente, motivada por la comprensión de la naturaleza transformadora de un espacio subterráneo sin oxígeno».

 

Arte inmersivo

Cómo olería el taller de “Las Hilanderas” de Velázquez? 

Por Pablo Álvarez de Toledo Müller, Director del Departamento de Artes, Universidad Nebrija, en Yorokobu.es       

La exposición Fleeting – Scents in Colour, programada en el Museo Mauritshuis de La Haya en el 2021, propone una manera sorprendente y expandida de mirar y descubrir las obras de arte, en este caso del barroco holandés, especialidad de la institución.

El visitante podrá descubrir los cuadros de una manera singular e inédita: podrá no solo verlos, sino también olerlos simultáneamente; sentir a través del olfato las diferentes atmósferas que en ellos se representa.

Estos hipotéticos pero aproximados olores de las diversas escenas de la Holanda del siglo XVII que aparecen en los cuadros han sido recreados por perfumistas en colaboración con científicos e historiadores. Mediante un dispositivo situado delante de los cuadros, el espectador podrá liberar la fragancia correspondiente. Se acercará así a la obra de manera más sensorial, trascendiendo de alguna manera el carácter puramente físico del cuadro para transportarse a la escena pintada, como si de magia se tratase.

Esta iniciativa del Museo Mauritshuis, encaminada a apreciar y conocer mejor el arte del pasado, bien podría tener su eco en España, en concreto en el Museo del Prado, que casualmente puso en evidencia en 2019, en la exposición “Velázquez, Rembrandt y Vermeer”, las similitudes formales, estilísticas y conceptuales que la pintura holandesa del siglo XVII tiene con la española.

Diferentes atmósferas posibles en el Prado

¿No sería magnífico oler por ejemplo al Caballero de la mano en el Pecho de El Greco, la atmósfera de taller y de madera seca de Las Hilanderas de Velázquez, o bien la cargada y claustrofóbica atmósfera que se desprende en La Familia de Carlos IV de Goya?

No existe la abundancia de obras en la pintura española como las que sí hay en los Países Bajos representando la vida cotidiana del siglo XVII, con sus ciudades y paisajes, artesanos, gremios y escenas familiares de su incipiente burguesía.

Sin embargo, ¿no sería fascinante investigar y proponer olores para la pintura Española del Siglo de Oro? ¿No sería esta una manera de descubrir y entender desde otras perspectivas un periodo tan importante de nuestra cultura e historia?

Los olores del XVII español

Solo en el siglo XVII encontraríamos en España olores a Contrarreforma, misticismo y picaresca, a consanguinidad y locura, a especias, aceites y jazmín, a pólvora y soldadesca, a calles ensuciadas a gritos de “agua va” en la polvorienta villa y corte de Madrid. Sugerentes olores que podrían desprenderse de las obras de Velázquez, Del Mazo, Zurbarán, Murillo, Ribera y Alonso Cano, nombrando algunos pintores.

Desde un punto de vista didáctico, las ventajas de crear rigurosas experiencias sensoriales y museísticas de esta naturaleza son evidentes.

En una exposición con olores es necesario acudir al museo ya que no es posible todavía oler a través de internet, por lo que el público seguirá viendo en vivo las obras de arte, compartiendo experiencias, afectos y recuerdos.

El olfato, un sentido denostado

Al incluir los olores para acercarse a las obras de arte del pasado se recupera el olfato, un sentido denostado por una cultura que prioriza lo visual. Cuando comúnmente, a modo de juego, se le pregunta a alguien que prescinda de uno de sus cinco sentidos, el primero en caer suele ser el olfato…

Una experiencia sensorial en una exposición es más inclusiva. En la exposición del Mauritshuis, una persona invidente podría, por ejemplo, también viajar en el tiempo a la Holanda del XVII a través de los olores y fragancias recreadas.

Sin embargo, aunque introducir olores en exposiciones de arte no es algo nuevo, tampoco se hace muy a menudo. Las razones son diversas, pero sobre todo se debe a la volatilidad de los olores y su difícil manipulación. A menudo, cuando se usan, forman parte de instalaciones hechas con otros materiales.

Arte olfativo

El arte olfativo es una disciplina no muy conocida que nace en los años 1980, a raíz de los postulados del Arte Povera. Es entonces cuando artistas como Clara Ursitti o Peter de Cupere comienzan a dedicarle todos sus esfuerzos, y reivindican el perfume y los olores como técnicas y medios artísticos y no meramente como un producto de diseño de uso comercial.

En 2014, el Círculo de Bellas Artes de Madrid acogió la exposición El Arte del Perfume 1889 – 2014, la primera exposición en España centrada en el perfume como medio, material y soporte artístico. Es necesario aquí resaltar que el concepto de esta exposición se basó en grandes marcas con sus perfumes emblemáticos, como por ejemplo Chanel nº 5 de Chanel, Jicky de Guerlain o Angel de Thierry Mugler, vinculando así la industria y la creatividad de los perfumistas con los diferentes movimientos artísticos.

En 2015, el Museo Tinguely de Basilea presentó la exposición llamada Belle Haleine – El arte del olor, con más de 60 obras del presente y pasado del arte olfativo.

Experimental y novedoso

El arte olfativo y el uso de los olores en las exposiciones forman parte de una tendencia de la reciente práctica artística cada vez más experimental, así como de una oferta cultural y museística que necesita reinventarse para atraer a nuevos públicos. A través de estas experiencias sensoriales e inmersivas, los artistas y comisarios buscan potenciar el impacto emocional de la experiencia artística en el espectador.

Esta tendencia de potenciar la comunicación de manera inmersiva está motivada en muchas ocasiones por una vocación humanista, que busca en el arte un motor de transformación social y respuesta a los grandes retos de nuestro tiempo, trabajando en la confluencia de la ciencia, la tecnología, el arte y el medio ambiente.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation.

Maniquíes de peluquería (Hairdressing dolls), 1927

 

Pensando sobre todo en la segunda mitad del año

El  Guggenheim programa ocho exposiciones

Por Maialen Ferreira en elDiario.es 

La aportación de las mujeres artistas a la abstracción en los años 1860-1980, los 'locos años 20' o el pasado que esconde el propio Bilbao, son algunos de los protagonistas de la programación del Museo Guggenheim de Bilbao este 2021, que tiene como plato fuerte la primera retrospectiva que se hace en España de la artista estadounidense Alice Neel, poco reconocida en Europa, pero de gran relevancia en Estados Unidos.

La programación, que fue presentada este lunes cuenta con ocho exposiciones que se mostrarán a lo largo de todo el año: Bilbao y la Pintura, del 29 de enero al 29 de agosto; Hay una ley, hay una mano, hay una canción, del 19 de febrero al 13 de junio; Los locos años veinte, del 7 de mayo al 19 de septiembre; La línea del ingenio del 11 de junio al 6 de febrero del 2022; Lighting Dance del 24 de junio al 26 de septiembre; Alice Neel: Come First, del 17 de septiembre al 23 de enero del 2022; 'La notación del movimiento de Noa Eshkol del 7 de octubre al 27 de febrero del 2022 y, por último, Mujeres de la abstracción, del 22 de octubre al 27 de febrero de 2022.

"La programación –según explicó el director del Museo, Juan Ignacio Vidarte, mantiene un equilibrio a lo largo del año y en ella destacan por un lado es que hay varias exposiciones corales, con una amplia y muy diversa presencia de artistas y de medios; y por otro, que hemos intentado buscar ciertas yuxtaposiciones. En la primera mitad del año coinciden en el tiempo dos exposiciones que centran su mirada en el pasado, hace cien años o más, cuando tanto en Bilbao como en Europa se estaba saliendo de una crisis, de guerras, de pandemias. Bilbao y la Pintura refleja ese momento a finales del siglo XIX y principios del XX cuando Bilbao vive tres guerras civiles y tres epidemias de cólera; en el caso de Los locos años veinte Europa está saliendo del trauma de la Primera Guerra Mundial, pero además también de una situación pandémica como es la gripe española. Hemos querido que se yuxtapongan en el tiempo esas dos miradas de manera que en la segunda mitad del año hay una visión muy centrada en el ámbito de las mujeres artistas".

A lo largo de este 2021, el Museo Guggenheim de Bilbao ha querido dar un papel importante a las mujeres artistas con su exposición Mujeres de la abstracción, con la que, según Lehka Hileman Waitoller, una de sus comisarias, se contemplan cuestiones como si es realmente necesario tener exposiciones solo sobre artistas femeninas o qué significa para cada una de ellas ser mujer y artista. En la exposición se encuentran artistas que pensaban que su obra iba más allá del género y no se identificaban como mujeres artistas, mientras que hay otras que basaban su obra exactamente en eso, en que son mujeres. "Hay artistas en la exposición que son antifeministas, no querían identificarse con el movimiento del feminismo y otras que tienen mucho que ver con el movimiento feminista y contribuían a él. El tema es complejo, es diferente para cada una y depende de su momento, de sus condiciones y del lugar del que vienen".

Bilbao y la pintura

La exposición Bilbao y la Pintura, comisariada por Kosme de Barañano, estará disponible en el museo desde el 29 de enero hasta el 29 de agosto de 2021. Se trata de una selección de pinturas realizadas por artistas que trabajaban en Bilbao a finales del siglo XIX y comienzos del XX y cuenta con obras de hace un siglo de Guiard, Arteta o Zubiaurre. Las obras, grandes panorámicas pictóricas, representan momentos muy diversos de la historia de Bilbao: los barcos comerciales en la ría y las terrazas dedicadas al ocio; la vida de los burgueses y los aldeanos; los remeros y regatistas; las fiestas de los bautizos y la siega en las aldeas; la muerte en la mar y en la guerra; los héroes del deporte, las faenas cotidianas en un puerto pesquero o los trajes tradicionales de 'dantzaris'.

"Hemos querido destacar el papel internacional que tenía Bilbao y que hoy mantiene, pero que en aquel momento era algo muy inusual. Sus artistas tuvieron una proyección internacional muy importante. En estas obras podemos ver cómo era la sociedad bilbaína en aquella época. No solo la burguesa, aldeanos, comerciantes o banqueros convivían todos juntos", ha explicado Petra Joos, miembro del equipo curatorial del museo.

Film & Video: Alex Reynolds. 'Hay una ley, hay una mano, hay una canción'

Se trata de una de las tres vídeo creaciones que se expondrán en el museo a lo largo del 2021, disponible desde el 19 de febrero hasta el 13 de junio de 2021 y comisariada por Manuel Cirauqui. La artista Alex Reynolds (Bilbao, 1978) explora y pone a prueba las estructuras narrativas, secuencias de comandos y cadencias que intervienen en la construcción cinematográfica. Partiendo del registro inasible de la ficción, su trabajo mide las tensiones entre espectador y testigo, los límites del punto de vista y el intercambio de emociones que atraviesan el dispositivo. Centrándose en el aspecto narrativo, analiza las relaciones de influencia y poder, los juegos y fallas que dominan estas comunicaciones, y plantea una excepción al automatismo de las imágenes. Así emergen los temas recurrentes de su investigación, del retrato (con y sin rostro) al ritmo (a veces musical) y la arquitectura (visible e invisible).

Los locos años veinte

La exposición, disponible desde el 7 de mayo hasta el 19 de septiembre y comisariada por Cathérine Hug, curator de museo Kunsthaus Zürich y Petra Joos, se centra en Berlín y París como ejemplos de metrópolis en las que se generaron realidades específicas de la década de 1920 como son la libertad sexual, el baile o el feminismo, pero incluye también miradas a otros núcleos de vanguardia, como Viena y Zúrich. Denominados “les années folles” en el mundo de habla francesa o “Die wilden Zwanziger” en los países germánicos, los locos años veinte constituyeron un fenómeno que surgió simultáneamente en todas las grandes ciudades del hemisferio occidental.

"Siempre se les dice que son los locos años veinte, pero tan locos no eran. Se desarrollaron entre dos guerras, salían del trauma de una guerra y a finales de los años 20 entramos en otra. Lo interesante de la exposición son las distintas facetas que se ven: el baile, el feminismo, la nueva percepción del cuerpo, la libertad sexual... Muchas cosas que hoy en día pensamos que hemos inventado hace 30 años y que en aquel momento existían", explicó la curator Petra Joos.

Esta muestra, que es resultado de una colaboración entre el museo vasco y el suizo, también hace hincapié en el diseño y la arquitectura de la época, además de diferentes estilos de música como son el charlestón o el jazz.

La línea del ingenio

La línea del ingenio, disponible desde el 11 de junio hasta el 6 de febrero de  2022 y comisariada por Lekha Hileman Waitoller, explora una selección de obras de la Colección Propia del Museo Guggenheim Bilbao y algunos de sus préstamos a largo plazo, cuyos rasgos comunes son el humor, el ingenio y la experimentación. Implacablemente inquisitivas, estas piezas emplean materiales y técnicas inusuales, y muchas de ellas desafían, de manera lúdica, convenciones sociales y estéticas, poniendo de relieve su ingenio. La primera sala de la exposición reúne obras creadas con tecnologías y procesos poco ortodoxos, como es el caso de Hichiko Happo, de Yoko Ono, un trabajo compuesto por nueve lienzos que fueron pintados durante una performance realizada ante el público en el Museo. La segunda galería se compone de una serie de piezas de naturaleza figurativa, que muestran las infinitas posibilidades con las que los artistas representan sus temas.

Film & Video: Cecilia Bengolea. 'Lightning Dance' 

Cecilia Bengolea (Buenos Aires, 1979) es una artista multidisciplinar cuya práctica aúna vídeo, coreografía y escultura. Lightning Dance, disponible desde el 24 de junio hasta el 26 de septiembre y comisariada por Manuel Cirauqui, presenta una serie de trabajos realizados por Bengolea en torno a la cultura dancehall de la isla de Jamaica. Esta vibrante pieza investiga la influencia de la electricidad atmosférica en el comportamiento y la imaginación. El ritmo que construye el vídeo muestra un constante entrelazamiento de sonidos musicales y ambientales, truenos y percusiones, sincronizados como parte de un único sound system. La danza es, para estos grupos de bailarines, no solo una forma de expresión; también está dotada de poderes curativos. A esta pieza se unen obras de animación digital, ilusiones casi holográficas en las que la artista visualiza las transformaciones fantásticas de un cuerpo en perpetuo cambio.

Alice Neel: People Come First 

Se trata de la primera retrospectiva en España dedicada a la artista estadounidense Alice Neel (1900–1984), que estará disponible desde el 17 de septiembre hasta el 23 de enero y está comisariada por Kelly Baum, Cynthia Hazen Polsky y Leon Polsky, curatoras del Contemporary Art, y Randall Griffey, curatora del Modern and Contemporary Art, The Met y Lucia Agirre del Museo Guggenheim Bilbao.

La exposición es una recopilación de un centenar de pinturas, dibujos y acuarelas creados durante casi siete décadas de trabajo, que muestran imágenes de activistas manifestándose contra el fascismo y el racismo junto a pinturas de víctimas empobrecidas por la Gran Depresión, retratos de los convecinos de Neel en el barrio neoyorquino de Spanish Harlem, líderes de diferentes organizaciones políticas, intérpretes y artistas queer, o miembros de la diáspora global de Nueva York. La muestra incluye también las acuarelas y pasteles eróticos de Neel de los años treinta, retratos de madres o pinturas de figuras desnudas (algunas visiblemente encintas), cuya ingenuidad e irreverencia no tienen precedentes en la historia del arte occidental.

"Su obra se centra en retratos. En su última etapa realiza autorretratos desnuda, algo que para la época fue revolucionario. Mostrar el cuerpo femenino desde la mirada de otra mujer fue algo que en la época chocó bastante. Fue una artista que se alejó de los círculos artísticos y vivía con la gente más pobre y desfavorecida. En casi toda su obra, las personas que ella retrata principalmente son personas desconocidas, de la calle, personas con las que se sentaba durante horas y tenía una relación especial. Con su obra trataba de captar el alma de estas personas, no simplemente retratarlas", ha explicado Lucía Agirre.

La totalidad de la obra de Neel refleja el drama de las calles de Nueva York, la belleza cotidiana de sus edificios y, lo que es más importante, la diversidad, resiliencia y pasión de sus ciudadanos: “Para mí, la gente es lo primero”, declaraba en 1950. “He intentado reivindicar la dignidad y la incesante importancia del ser humano”.

Film & Video: Sharon Lockhart. 'La notación del movimiento de Noa Eshkol' 

Las videoinstalaciones y obras fotográficas de Sharon Lockhart (1964, Norwood, EE. UU.), que estarán disponibles desde el 7 de octubre hasta el 27 de febrero de 2022, prestan una especial atención a la acción humana y a sus modos de representación, en soledad o en sociedad. Desde el trabajo a la coreografía, ponen de relieve la complejidad y profundidad poética de un simple movimiento.

Mujeres de la abstracción

Mujeres de la abstracción, muestra disponible desde el 22 de octubre hasta el 27 de febrero, está organizada por el Centre Pompidou de París, en colaboración con el Museo Guggenheim Bilbao. Con ella, se pretende narrar la historia no contada del arte, fundamentalmente de los siglos XX y XXI, centrándose en la aportación de las mujeres artistas a la abstracción.

Esta exposición incluye la recopilación del trabajo de 200 artistas -reconocidas y desconocidas- de diversas disciplinas, como la danza, las artes aplicadas, la fotografía, el cine y la performance, procedentes de Latinoamérica, Oriente Medio y Asia, Europa y Estados Unidos.

"Muchas de las exposiciones dedicadas a la abstracción subestiman el papel fundamental que desempeñan las mujeres en el desarrollo de este movimiento. Centrándose en los caminos tomados por las artistas —algunas de ellas injustamente ignoradas—, la muestra propone una historia diferente. Mujeres de la abstracción arroja luz sobre los momentos clave que han marcado este movimiento, evocando la investigación llevada a cabo por las artistas, tanto de manera individual como en grupo, y las exposiciones más importantes", han indicado desde el museo.

Esta última muestra se expondrá en el Centre Pompidou de París y en el Museo Guggenheim de Bilbao, pero contará en Bilbao con la obra de dos artistas españolas que no expondrán su obra en el centro parisino: la artista vasca Esther Ferrer, que mostrará un conjunto de dibujos de su obra 'Poema de los números primos' y la artista catalana Aurèlia Muñoz, cuya obra formará parte de una serie de trabajos de tapiz de entre los años 1960 y 1970.

Las 10 pinturas más famosas del mundo

 

¿Cuáles  son las pinturas más famosas del mundo? ¿Las más visitadas en los museos en los que están expuestas? ¿Las que han alcanzado cifras más astronómicas en las subastas? ¿Las más conocidas por el ciudadano de a pié?   

La agencia CNN ha establecido un “ranking” en el que las diez primeras son estas:

Cada año, miles de millones de dólares en arte pasan por las casas de subastas internacionales, mientras que los principales museos tienen decenas de miles, incluso cientos de miles, de obras de arte en sus colecciones. Pero muy pocos logran la fama requerida para ser realmente considerados nombres conocidos.

Como “famoso” es un término subjetivo, CNN Estilo recurrió a Google para ver qué cuadros encabezaron los resultados de búsqueda en todo el mundo durante los últimos cinco años.

Comparamos docenas de obras maestras populares, desde clásicos como “Mona Lisa”, “The Great Wave off Kanagawa” y “Salvator Mundi”, hasta obras más modernas como “Nighthawks” e incluso la serie “Dogs Playing Poker”.

Basado en esos resultados, estas son las 10 pinturas más buscadas del mundo:

1. Mona Lisa

Si tenías dudas sobre la gran popularidad de “Mona Lisa”, las multitudes en el Louvre lo convencerán.

Artista: Leonardo da Vinci

Fecha estimada: 1503 a 1519

Dónde verlo: Museo del Louvre (París)

No debería ser una sorpresa que la pintura más famosa del mundo sea esa misteriosa mujer con la enigmática sonrisa. Pero esa es una de las pocas certezas sobre esta obra de arte.

Se cree que la modelo de la pintura es Lisa Gherardini, la esposa del comerciante de Florencia Francesco del Giocondo, pero los expertos no están seguros. Representaba una innovación en el arte: la pintura es el primer retrato italiano conocido que se enfoca tan de cerca en la modelo en un retrato de medio cuerpo, según el Louvre, donde se instaló por primera vez en 1804.

Sabías que: Antes del siglo XX, los historiadores decían que la Mona Lisa era poco conocida fuera de los círculos artísticos. Pero en 1911, un ex empleado del Louvre robó el retrato y lo escondió durante dos años. Ese robo ayudó a cimentar el lugar de la pintura en la cultura popular desde entonces y expuso a millones de personas al arte renacentista.

2. La última cena

Visitantes toman fotos de “La Última Cena” (“Il Cenacolo o L’Ultima Cena”) en el Convento de Santa Maria delle Grazie en Milán, Italia.

Artista: Leonardo da Vinci

Fecha estimada: 1495 a 1498

Dónde verlo: Santa Maria delle Grazie (Milán, Italia)

Leonardo, el “Hombre del Renacimiento” original, es el único artista que aparece en este lista dos veces.

Pintado en una época en la que las imágenes religiosas todavía eran un tema artístico dominante, “La Última Cena” representa la última vez que Jesús partió el pan con sus discípulos antes de su crucifixión.

La pintura es en realidad un gran fresco: mide 4,6 metros de alto y 8,8 metros de ancho, lo que lo convierte en una vista memorable.

Sabías que: El fresco ha sobrevivido a dos amenazas de guerra: las tropas de Napoleón usaron la pared del refectorio en el que se pintó el fresco como práctica de tiro. También estuvo expuesto al aire durante varios años cuando los bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial destruyeron el techo del convento dominico de Santa Maria delle Grazie en Milán.

3. La noche estrellada

Turistas miran “La noche estrellada” de Vincent Van Gogh en el Museo de Arte Moderno de Nueva York.

Artista: Vincent van Gogh

Fecha: 1889

Dónde verlo: Museo de Arte Moderno (Nueva York)

La pintura comparativamente abstracta es el ejemplo característico del uso innovador y audaz de pinceladas gruesas de van Gogh. Los llamativos azules y amarillos de la pintura y la atmósfera de ensueño y remolinos han intrigado a los amantes del arte durante décadas.

Sabías que: Van Gogh vivía en un manicomio en Saint-Rémy, Francia, en tratamiento por enfermedad mental, cuando pintó “La noche estrellada”. Se inspiró en la vista desde la ventana de su habitación.

4. El Grito

“El Grito” de Edvard Munch siendo instalado para una exposición especial en el Museo Metropolitano de Arte de Tokio.

Artista: Edvard Munch

Fecha: 1893

Dónde verlo: Museo Nacional (Oslo, Noruega – apertura en 2020) y Museo Munch (Oslo – hasta mayo de 2020)

Primero lo primero: “El Grito” no es una sola obra de arte. Según el blog del Museo Británico, hay dos pinturas, dos pasteles y luego un número no especificado de impresiones. Las pinturas residen en el Museo Nacional y el Museo Munch, y en 2012, uno de los pasteles se vendió por casi 120 millones de dólares en una subasta.

Al igual que el caso de “Mona Lisa”, los atrevidos robos (1994 y 2004) de las dos versiones de pintura de “El Grito” ayudaron a elevar la conciencia del público sobre las obras de arte. (Ambos fueron finalmente encontrados).

Sabías que: La figura andrógina en la vanguardia de la pintura de estilo Art Nouveau no está dando un grito, sino que está tratando de bloquear un grito penetrante que proviene de la naturaleza. Se inspiró en una experiencia real que Munch tuvo mientras daba un paseo al atardecer en Oslo cuando un tono rojo dramático abrumaba sus sentidos.

5. Guernica

Vista del “Guernica” de Pablo Picasso en el Museo Reina Sofía de Madrid, España.

Artista: Pablo Picasso

Fecha: 1937

Dónde verlo: Museo Reina Sofía (Madrid)

Esta es la pintura más reciente en esta lista, y representa el bombardeo aéreo alemán de la ciudad de Guernica durante la guerra civil española.

La pintura tiene ese estilo distintivo de Picasso, y su examen inquebrantable de los horrores de la guerra la convirtió en una parte esencial de la cultura y la historia del siglo XX.

Sabías que: El “Guernica” fue trasladado al Museo Metropolitano de Arte Moderno de Nueva York durante la Segunda Guerra Mundial para su custodia. Picasso solicitó que se extienda la estancia hasta que la democracia regrese a España. Finalmente regresó a Madrid en 1981, seis años después de la muerte del dictador español, el general Francisco Franco.

6. El beso

Visitantes admiran “El beso” de Gustav Klimt en el Belvedere Superior de Viena, Austria.

Artista: Gustav Klimt

Fecha estimada: 1907 a 1908

Dónde verlo: museo Upper Belvedere (Viena, Austria)

Con el número 6, pasamos de un estudio de odio a un estudio de amor con el amado beso de Gustav Klimt.

Del “Período Dorado” de Klimt, las influencias artísticas bizantinas se pueden ver en las túnicas altamente decorativas que usa la apasionada pareja de tamaño natural.

El museo Upper Belvedere dice que con “El beso”, Klimt hace una “declaración alegórica general sobre el amor como el corazón de la existencia humana”. Dado su atractivo magnético, parece que la gente está de acuerdo.

Sabías que: Si bien “The Kiss” no está a la venta, otras obras de Klimt se compran y venden por grandes sumas. Oprah Winfrey se quedó con la obra de arte de 1907, “Retrato de Adele Bloch-Bauer II”, por $ 150 millones en 2016, con una ganancia de $ 60 millones.

7. La joven de la perla

Un periodista toma una foto de “La joven de la perla” de Johannes Vermeer en el Museo Mauritshuis en La Haya, Países Bajos.

Artista: Johannes Vermeer

Fecha estimada: 1665

Dónde verlo: Mauritshuis (La Haya, Países Bajos)

Este intrigante favorito a menudo se compara con la “Mona Lisa”. Además de las diferencias estilísticas, técnicamente “Girl With a Pearl Earring” no es ni siquiera un retrato, sino un “tronie”, una palabra holandesa para una pintura de una figura imaginaria con rasgos exagerados.

La obra maestra del óleo sobre lienzo es brillante en su simplicidad. La niña, que llevaba un turbante azul y dorado y un arete de perlas de gran tamaño, es todo el foco con solo un fondo oscuro detrás de ella.

Sabías que: Mientras que los Mauritshuis fueron renovados de 2012 a 2014, esta obra de arte hizo una gira en Estados Unidos, Italia y Japón. Atrajo a grandes multitudes, reforzando aún más su estatus como una de las obras de arte más famosas del mundo.

8. El nacimiento de Venus

Un periodista examina “El nacimiento de Venus” del pintor italiano Sandro Botticelli durante una vista previa de la prensa en la Galería Uffizi en Florencia, Italia, en octubre de 2016.

Artista: Sandro Botticelli

Fecha estimada: 1485

Dónde verlo: Le Gallerie Degli Uffizi (Florencia, Italia)

‘El nacimiento de Venus’, es la pintura más antigua en el top 10 y compite con “El beso” entre los más sensuales fue probablemente comisionado por un miembro de la familia Medici, rica y amante del arte, que gobernó Florencia y las áreas cercanas durante siglos.

Al casarse con un renovado interés en la cultura griega clásica con el estilo del Renacimiento temprano, Botticelli crea una figura inolvidable con la Diosa del Amor que emerge de una enorme concha de vieira.

Sabías que: “Venus” de Botticelli presenta dos desviaciones significativas de la mayoría de las otras obras de sus contemporáneos.

Primero, pintó sobre lienzo en lugar de la madera, que era más popular. En segundo lugar, la desnudez era rara en este momento, por lo que era atrevido que Venus estuviera completamente expuesta menos su cabello largo y suelto y una mano (apenas) cubriendo las partes más íntimas de su cuerpo.

9. Las Meninas

“Las Meninas” de Diego Velázquez se ve en el museo del Prado el 19 de noviembre de 2013 en Madrid, España. (Crédito: Denis Doyle / Getty Images)

Artista: Diego Velázquez

Fecha: 1656

Dónde verlo: Museo del Prado (Madrid)

Madrid es la única ciudad en este resumen donde encontrarás dos de las 10 pinturas más famosas; la primera es “Guernica” en el número 5 y “Las Meninas”, aquí en el número 9.

 

Ubicado en el popular (y vasto) Museo del Prado, ”Las Meninas” no es solo la pintura más famosa de Diego Velázquez, sino también una de las más grandes. La complejidad del trabajo ha fascinado a los críticos de arte y al público durante siglos.

La pintura cumple una doble función como retrato. Sirve como un retrato grupal de la realeza española, pero también es un autorretrato del propio Velázquez en la obra (a la izquierda)

Sabías que: “Las Meninas” fue encargada por el rey Felipe IV de España, que gobernó desde 1621 hasta 1665. Permaneció en el palacio real hasta 1819, cuando fue al Museo del Prado.

10. ‘Creación de Adán’

Artista: Miguel Ángel

Fecha: 1508 a 1512

Dónde verlo: Capilla Sixtina (Ciudad del Vaticano)

La obra más famosa del reconocido artista Michelangelo cubre una sección del techo de la Capilla Sixtina (tienes que mirar hacia arriba para verlo). La escena representa a Dios y a Adán con los brazos extendidos, sus dedos casi tocándose. Es una de las imágenes más replicadas de la historia.

La forma muscular de Adán insinúa el otro talento de Miguel Ángel: su “David” es posiblemente la escultura más famosa del mundo. Puedes ver la imponente estatua de mármol en la Galleria dell’Accademia en Florencia.

Sabías que: El techo de la Capilla Sixtina había sido opacado por siglos de exposición al humo de las velas, entre muchas otras cosas. Después de una limpieza larga y extensa que terminó en 1989, la gente se sorprendió al ver los colores brillantes y vibrantes que Miguel Ángel usó originalmente.

Otras cinco pinturas que se acercaron

Aquí hay cinco pinturas más famosas que estuvieron cerca de entrar en la lista de las 10 principales:

– American Gothic (Grant Wood, Instituto de Arte de Chicago)

– Serie “Lirios de agua” (Claude Monet, varios museos en todo el mundo)

– “La persistencia de la memoria” (Salvador Dali, Museo de Arte Moderno de Nueva York)

– “La Guardia Nocturna” (Rembrandt, Rijksmuseum en Amsterdam)

– “El Jardín de las Delicias” (Hieronymus Bosch, Museo del Prado, Madrid )